Cali, septiembre 23 de 2026. Actualizado: miércoles, septiembre 23, 2026 02:30
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
La Unesco, en su sesión del pasado 4 de diciembre de 2023, declaró al bolero como bien inmaterial patrimonial de la humanidad, tras petición conjunta presentada por representantes de Cuba y México. Esta inclusión en la lista más peculiar de la cultura mundial, lo fortalece para que como el “ave fénix”, luego de siglo y medio de vigencia, confirme que continúa como estuche musical de la poesía lírica romántica. Las generaciones nuevas, ahora conocerán las canciones con que sus abuelos se enamoraron o afrontaron la soledad. En sus inicios el bolero se difundió por tradición oral con las serenatas que se dedicaban los enamorados. Luego fue percibido de cerca en espectáculos en vivo en teatros copados de público atraído por la canción romántica. Con el surgimiento de la radio se aceleró su popularidad. Finalmente, la industria de grabación discográfica, lo posicionó e inmortalizó.
Con la declaratoria de bien patrimonial de la humanidad que le hizo la Unesco, se revitalizarán nuevos ciclos generacionales que también gustarán del carácter lírico y de la belleza musical del bolero, exaltándose su pasión romántica. Otra vez, el bolero confirma que es universal. Nuevamente en las fiestas sonarán franjas de boleros, que inspirarán a los bailarines para que en la pista, como declaraciones de amor, al oído les dediquen sus bellas letras a sus parejas. Es cierto que como poesía sus letras se expresan mediante el uso abundante de metáforas; pero una característica propia del bolero es el uso de mensajes directos y sencillos, de fácil comprensión para sus escuchas. Su lírica no requiere intermediarios, ni está dirigida a personas con bagaje cultural alto.
A pesar de la Torre de Babel y la distorsión de sonidos, que nos empuja hacia un laberinto ruidoso, perdura este género musical cuya esencia y aroma endulza el corazón y suaviza el oído. “El amor es el padre del bolero y el bolero es cronista histórico del amor, -decía Cesar Portillo- Pese a los vaivenes de las modas de ritmos que duran pocos meses, el bolero es cultura viva”. Con la declaratoria de la Unesco, se perpetúan los boleristas que parecían relegados por la postmodernidad: Agustín Lara, Rafael Hernández, Olga Guillot, Benny Moré, Toña La Negra, Leo Marini, Armando Manzanero, María Luisa Landín, Roberto Ledesma, Ricardo Fuentes, Virginia López, Lucho Gatica, Alfredo Sadel, Rolando Laserie, Hugo Romani, Los Tres Reyes, Hermanos Arriagada, Los Tres Ases, Los Panchos, entre muchos otros.
El origen del bolero se adjudica al cubano José Sánchez, innovador de una variante de la trova santiaguina y, se señala que “Tristezas” (1883) fue la primera composición musical. Sin embargo, algunos musicólogos dicen que en 1870 se había popularizado una especie de bolero en forma de seguidilla en la isla española de Mallorca. La aparición del bolero latinoamericano fue en simultáneo en Cuba, México y Puerto Rico, además de “Tristezas”, desde que se musicalizaron algunos poemas de Rubén Darío, Gustavo Adolfo Bécquer y Amado Nervo. El bolero en México, durante el mandato de Manuel Ávila Camacho (1940-1946), debido a la popularidad que cantaba al amor y al desamor, fue sometido a la censura de la Liga de la Decencia, que prohibió algunas bellas letras por considerarlas cargadas de erotismo.
Otra particularidad de los boleristas, es que emularon el papel social que en la Edad Media europea cumplieron los juglares y los trovadores. El bolero se popularizó y expandió en el continente por la costumbre de los enamorados de contratar dúos y tríos, para que a su nombre cantaran serenatas de ventana a sus amadas. A pesar que en sus orígenes se lo interpretó con tiple, guitarra y maracas, el bolero no escapó a la tentación de una versión de academia: Mauricio Ravel, compositor francés, para complacer a la bailarina Ida Rubinstein, en 1928 compuso su inmortal obra clásica “Bolero”. Una de las explicaciones sobre el porqué de su denominación, refiere que los primeros bailarines en España, lo representaban con una coreografía que hacía creer que volaban, por eso se anunció como volero o bolero.
El bolero y el tango fueron las mayores expresiones musicales de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX; pero la canción romántica tuvo mayor acogida que la canción lunfarda. El tango clasificó como canción urbana, porteña y arrabalera, que ambientaba las cantinas, los prostíbulos y los conventillos. Las letras del tango son crónicas sectorizadas de traición, rufianes y protesta social. En la competencia artística popular, el bolero aventajó al tango. La balada fue su única competidora en los años sesenta del siglo XX, porque le arrebató al bolero su audiencia cuando la juventud halló identidad con la nueva canción romántica, interpretada por artistas jóvenes. Los jóvenes improvisaron coreografías similares a las de bailar boleros: solemne, sensual, íntima y lenta, que permitiera declaraciones de amor al oído.
En las postrimerías del siglo XX el bolero siguió firme con su ritmo musical y sus temas humanos: amor, erotismo, celos, desamor, odio, indiferencia, soledad, olvido y reconciliación: “Que te quiero, sabrás que te quiero, cariño como este jamás existió”…”Sin un amor la vida no se llama vida, sin un amor le falta fuerza al corazón”…“En el tronco de un árbol, henchida de placer una niña grabó su nombre”…“De mujer a mujer lo lucharemos”…”Ya me convencí que seguir los dos es imposible”…”Un día en el camino que cruzaban nuestras almas, surgió una sombra de odio que nos separó a los dos”… “No lastimes este amor que tanto te ama, con esa indiferencia que me causa dolor”…”Ya no estás a mi lado corazón, en el alma sólo tengo soledad”…”Aunque me pase la vida llorando, no vuelvo contigo”.
En todas las épocas de la historia del cine, en varias oportunidades los boleros y los guiones han caminado juntos, ya sea tomándolo como banda sonora o porque algún personaje lo cante como parte de la historia narrada. Dos de los casos más recientes, que interesaron a los cinéfilos colombianos y que gustaron mucho porque estuvo involucrado el bolero, fueron los filmes “De mujer a mujer” (1986) de Mauricio Walesrstein y “El amor en los tiempos del cólera” (2007) de Mike Newell. En el primer filme, actuó Amparo Grisales como protagonista principal, cuyo guion narra la historia de un hecho ocurrido en Caracas, que fue contextualizado con la letra de un bolero homónimo. En el segundo filme, la historia sensibiliza al cinéfilo, más por la extraordinaria adaptación musical, por petición de Gabriel García Márquez y el productor Antonio Pinto, de Shakira al interpretar su bolero “Hay amores”.
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