Cali, enero 29 de 2026. Actualizado: jueves, enero 29, 2026 20:33

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Víctor Jara sin los acordes de su guitarra

Mártir de la Nueva Canción Latinoamericana

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

“Te recuerdo Amanda,/ la calle mojada,/ corriendo a la fábrica,/ donde trabajaba Manuel./ La sonrisa ancha, / la lluvia en el pelo,/ no importaba nada, / ibas a encontrarte con él, /con él, con él, con él, con él./ Son cinco minutos, / la vida es eterna / en cinco minutos./ Suena la sirena,/ de vuelta al trabajo,/ y tú caminando/ lo iluminas todo,/ los cinco minutos/ te hacen florecer.”

Este es un verso de la canción de amor “Te recuerdo Amanda”, escrita y cantada por Víctor Jara. El mismo cantor que una noche llegó a “La peña de Los Parra” y cotidianamente siguió tomando parte en esas tertulias musicales, con Violeta, Ángel e Isabel Parra, Inti-Illimani y Quilapayún. Víctor Jara, además de cantor, fue un artista polifacético: investigador del folclor chileno, bailarín profesional y catedrático en formación de actores.

Acompañó a Salvador Allende en su candidatura a la presidencia. Por estar identificado como el cantor de la Unidad Popular, el 11 de septiembre de 1973, día del golpe militar de Pinochet, fue detenido, torturado y ocho días después, sacrificado con la amputación de sus dedos y el ametrallamiento.

Víctor profesó su credo que consideraba el folclor popular y La Nueva Canción, como armas de lucha.

Credo artístico

“La música nuestra, llamada Nueva Canción, surgió como una necesidad de todos los campesinos, la clase obrera y el estudiantado –fundamentó Víctor Jara-. No nació como una cosa de intelectuales, ni tampoco de una discusión de artistas. Surgió porque tenía que surgir, porque el pueblo la necesitaba. Surgió y estalló porque también de atrás venían cosas, porque ya a comienzos del siglo, cuando Luis Emilio Recabarren entendió el problema de la lucha contra el imperialismo a través de la cultura, creó conjuntos teatrales, conjuntos corales, conjuntos formados por los propios trabajadores. Lo entendió así Violeta Parra, que vivió los mejores años de su vida junto a pescadores, junto a los mineros, junto a los campesinos, junto a los artesanos”.

Cuando Víctor Jara incursionó en el Movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana, escribió y cantó temas en homenaje a su pueblo: “Levántate y mira la montaña/ de donde vienen/ el viento el sol y el agua,/ tu que manejas el curso/ de los ríos/ tu que sembraste/ el vuelo de tu alma. / Levántate y mírate las manos/ para crecer/ estrecha la de tu hermano/ juntos iremos unidos/ en la sangre/ hoy es el tiempo/ que puede ser mañana/.” (Plegaria del labrador. Víctor Jara).

Su sacrificio

Víctor Jara, es el mártir de La Nueva Canción Latinoamericana. Sus últimos meses de actividad musical los compartió con alegría y convencido de su misión social: “La mejor respuesta del canto es el canto como respuesta.

A los artistas populares chilenos lo más importante que nos sucedió fue trabajar y unir esfuerzos por conquistar un gobierno popular”.

Debido a su militancia en la Unidad Popular, el 11 de septiembre de 1973, fue detenido por los militares y llevado al Estadio de Santiago, donde no pudo interpretar, rasgando su guitarra y por última vez, los acordes del himno “Venceremos”.

Sin embargo, fue valeroso hasta su último minuto de vida.

Un militar le ordenó que tocara la guitarra y cantara; pero primero le hizo poner la mano derecha sobre una mesa de torturas, donde le cercenó los cinco dedos que vibrantes saltaron al suelo.

Golpeado a puntapiés, mal herido, chorreando sangre de su mano por el hachazo recibido, levantó sus brazos y entonó el himno, siendo secundado por los centenares de detenidos en el estadio.

Fue un espectáculo retador y repulsivo para los militares fascistas, quienes ese 18 de septiembre de 1973, se ensañaron disparándole ráfagas de ametralladoras que le cegaron la vida.

Legado musical

Es muy amplio el legado musical de Víctor Jara, que enriqueció el Movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana, sobresaliendo, entre otros temas: “Luchín”, “La carpa de las coliguillas”, “El hombre es un creador”, “Abre la ventana” ,“Herminda de la victoria”, “Sacando pecho y brazo”, “Marcha de los pobladores”, “En el río Mopocho”, “La toma”, “A Luis Emilio Recabarren”, “El derecho de vivir en paz”, “Preguntas por Puerto Montt”, “El alma se llena de banderas”, “Ni chicha ni limoná”, “Movil Oil Special”, “A Cochabamba me voy”.

Joan Jara, su viuda, recuerda una anécdota que lo inspiró en “Cuando voy al trabajo”, un poema, sobre el amor y la incertidumbre de Chile.

“El 26 de mayo, desde su casa junto al mar en Isla Negra, a la que se había retirado debido a la mala salud, Neruda apareció en la televisión nacional. En el discurso que pronunció en el estadio luego de su regreso en diciembre de 1972, Neruda nos había recordado los horrores que el pueblo español padeció durante la guerra civil y advertido de que había algunos chilenos que querían arrastrar al país al mismo tipo de choque. Tengo el deber poético y patriótico, -había dicho Neruda- de advertir a todo Chile de ese peligro inminente”.

CUANDO VOY AL TRABAJO

(Víctor Jara)

Cuando voy al trabajo

Pienso en ti.

Por las calles del barrio

pienso en ti.

Cuando miro los rostros

tras el vidrio empañado

sin saber, quienes son, dónde van…

pienso en ti.

Mi vida, pienso en ti,

en ti, compañera de mis días,

y del porvenir,

de las horas amargas y la dicha

de poder vivir,

laborando el comienzo de una historia,

sin saber el fin.

Cuando el turno termina,

y la tarde va,

estirando su sombra

por el tijeral,

y al volver de la obra

discutiendo entre amigos ,

razonando cuestiones

de este tiempo y destino,

pienso en ti,

mi vida pienso en ti

laborando el comienzo de una historia

sin saber el fin.

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