Cali, agosto 1 de 2026. Actualizado: sábado, agosto 1, 2026 00:22
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Viajamos y los únicos registros que hacemos son fotografías que tomamos con celular, que compartimos para divulgar que disfrutamos de vacaciones en lugares lejanos. Nos falta difundir información sobre las costumbres, la cultura y el arte de los lugares que visitamos. Le restamos importancia a la literatura de viajes, aunque otrora tuvimos la oportunidad de valorarla en “El Mundo al Vuelo”, programa televisivo de Héctor Mora. El gran viajero, mediante imágenes y narrativas, nos enseñó lugares apartados y sus culturas. La literatura de viajes tiene sus raíces en el “Diario. Relaciones de viajes”, de Cristóbal Colón y en las “Crónicas de Indias”. Este género, aunque poco difundido, aún perdura en forma de postales urbanas.
Los historiadores, tres siglos después pudieron investigar sobre el descubrimiento y la conquista, porque encontraron valiosas crónicas escritas por intrépidos marineros, que reseñaron a pueblos ancestrales y narraron su interacción social con los conquistadores. El “Diario. Relaciones de viajes” de Cristóbal Colón fue rescatado por Fray Bartolomé de Las Casas, quien aprovechó su cercanía con sus descendientes. Fray Bartolomé también escribió “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, crónica cruda sobre los genocidios contra los indígenas, que le hizo decidir a la Corona Española a organizar los virreinatos en el Nuevo Mundo, antes que se extinguieran los pueblos aborígenes y con ellos la fuerza de trabajo. Esa primera literatura de viajes deslinda conquista y colonia. Se conoce como “Crónicas de Indias”, o “Historiadores de Indias”, lo cierto es que inicia la literatura de viajes. Figuran, entre otros, los cronistas: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Bernal Díaz del Castillo, Gonzalo Fernández de Oviedo, Pedro de Alvarado, Francisco López de Gomara, Fray Pedro Aguado y Fray Pedro Simón. “Muy pronto –dijo Germán Arciniegas- ya las palabras están recibiendo la caricia del viento caribe, y las frases pasan a ser imágenes de un Nuevo Mundo”.
Este texto conserva su escritura original: “Toda esta noche y oy estuve aquí guardando si el rey de aquí o otras personas traerían oro o otra cosa de sustancia, y vinieron muchos d´ esta gente, semejantes a los otros de las otras islas, así desnudos y así pintado, d´ellos de blanco, d´ellos de colorado, d´ellos de prieto y así de muchas maneras. Traían azagayas y algunos ovillos de algodón a regatar, el cual tocavan aquí con algunos marineros por pedacos de vidrio, de tocas de quebradas, y por pedacos d´escudillas de barro. Algunos d´ellos traían algunos pedacos de oro colgado al nariz, el cual de buena gana daban por un cascabel d´estos de pie de gavilano y por cuentezillas de vidro, mas es tan poco que no es nada , que es verdad que cualquier poco cosa que se les dé” ( Lunes 22 de Otubre).
Encontramos diferencias entre Julio Verne y Alejandro Van Humboldt, porque mientras el narrador francés visionario escribió novelas e historias sobre grandes viajeros, el caso del sabio alemán que tras explorar nuestro continente, verdaderamente le aportó a la literatura de viajes. Los cronistas de Indias, más que escritores, fueron aventureros por vocación, agudos observadores que gozaron con la vista, buenos conversadores con gente de otras latitudes, documentalistas por excelencia y empedernidos investigadores. Un escritor puede ser gran cronista, pero no aportar a la literatura de viajes.
No es lo mismo escribir crónicas personales que no le indique nada al lector sobre lugares que menciona. Daniel Mordzinski, fotógrafo y reportero argentino, convocó entre 1998 y 2006, a un centenar de escritores de varios países para que narraran literatura de viajes centrados en el tiempo que se radicaron en Francia, ya sea como estudiantes o en el ejercicio de su profesión.
Estas crónicas serían publicadas en una antología titulada “El país de las palabras”. Sin embargo, sin demeritar la calidad literaria, los lectores nos dimos cuenta que sólo algunas enriquecen la literatura de viajes, porque no trascendía más allá de lo anecdótico personal.
Jorge Edwards, cumpliendo con la petición de Daniel Mordzinski, escribió sobre Paris un valioso insumo de la literatura de viajes:”A mediados de la década del sesenta en París había noches de fiesta, de electricidad atmosférica, de conversación reveladora, iluminadora, en la Coupole de aquellos años. En el Dóme, en el Old Navy, en muchos otros lugares. Había descubrimientos extraordinarios, que cambiaban el tono de la existencia. Había fiestas en los suburbios, en carpas improvisadas, en talleres rodeados por la nieve, y había discusiones vibrantes, insólitas, extremas que tocaban y quizás sobrepasaba los límites. Era el París de la exaltación, del encuentro con la belleza a la vuelta de cualquier esquina. Debajo de los adoquines está la playa, declaran los jóvenes rebeldes de mayo del 68”.
Álvaro Bisama, en su libro “Postales urbanas” (Editorial Aguilar, enero 2006), presenta sus apuntes de un viaje de turismo a Santiago de Chile.
“Ahumada, a las cinco de la tarde. Un día cualquiera de otoño. Avisos luminosos gigantes de Sony. El sonido de los kultrunes y de rezos en otras voces. Prostitutas adolescentes listas para ser seducidas por pedófilos vestidos de oficinistas. Escupos al por mayor. Guardias disfrazados con uniformes horribles. Titulares en lenguas extranjeras. Pornografía en los kioscos. Olor a sudor. Olor a comida rápida. Comerciantes ambulantes de DVD, medicinas naturales, ropa de invierno. Estafadores que toman té en un café con piernas. El olor a fritanga del Portal Fernández Concha. El límite con la Plaza de Armas. El hedor a congestión humana que sale por la escalera mecánica del Metro. Multitiendas a las que es imposible entrar. El ruido de las pisadas enlatado entre los edificios. Escolares que caminan rápido”. Fernando Savater en su libro “Las ciudades y los escritores”, define esta literatura que recrea lugares: “…es una forma perdurable de reconocer que, tanto ayer como hoy y sin duda también mañana, la literatura es una tradición cuyas raíces se hunden en la historia y en la geografía”.
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