Cali, octubre 28 de 2026. Actualizado: martes, octubre 27, 2026 21:19

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Fiesta y expresión de resistencia popular

La vida es un carnaval

Luis Ángel Muñoz Zúñiga – Especial Diario Occidente

Celia Cruz, en uno de sus temas más alegres y festivos, cantó: “La vida es un carnaval”.

La vida es sinónimo de carnaval o viceversa.

Cuando a un pueblo se le priva de su carnaval, es como segarle la vida.

A los pueblos pueden quitarles: el trabajo, la libertad, el pan, expropiarles de sus parcelas, pero que jamás les priven del derecho a gozar del carnaval.

Más que cualquier ícono, una fecha de importancia histórica, color de la fanaticada deportiva o la cuna literaria de un famoso escritor, los pueblos son reconocidos culturalmente por su carnaval, por ejemplo, Pasto con el “Carnaval de Blancos y Negros”, Riosucio por el “Carnaval del Diablo”, Barranquilla por el “Carnaval de La Leyenda del Hombre Caimán”, Brasil por su “Gran Carnaval de Río de Janeiro”.

Resistencia popular

Los carnavales son las únicas fiestas, desde épocas medioevales y coloniales, que los esclavos y la servidumbre arraigaron como expresión de resistencia cultural, a la vez que las viven como sus fiestas que gozaban en libertad.

Por eso sería reprochable que los gobernantes llegasen a censurar un carnaval porque exprese sus inconformidades populares y represente mediante comparsas a los malos gobernantes.

Cada 31 de diciembre, los otrora vecinos, en los barrios quemaban un muñeco Año Viejo, leían una sentencia y penas para los malos ciudadanos, como en una especie de carnaval doméstico, que emulaba los rituales del gran carnaval municipal.

Carnaval y establecimiento

Los carnavales son el alma de los pueblos.

Esto explica por qué la Iglesia Medioeval aceptó que los carnavales se celebrasen en los meses próximos al tiempo de la penitencia, la abstinencia y el arrepentimiento, es decir, que los feligreses pudiesen quedar listos para el arrepentimiento y el recogimiento espiritual en el tiempo de la cuaresma y la Semana Santa.

Los cristianos, después del jolgorio, confesarían sus pecados de carnaval, olvidando la lujuria hasta el siguiente.

La aristocracia solía referirse despectivamente sobre los carnavales tildándoles de fiestas del populacho, cuando no las tachaba de las fiestas de locos.

Sin embargo, el establecimiento y los gobernantes decidieron oficializarlos y financiarlos para aprovecharlos a su favor, complaciendo al pueblo y transformando los carnavales en eventos alienantes.

Sentimiento de pertenencia

Si queremos conocer el sentimiento de pertenencia de una persona por su carnaval, lo más pertinente sería escuchar a quienes lo viven y aguardan desde los preparativos.

“Para los riosucieños el carnaval es la unión de aquellos que residen en el municipio y los que permanecen afuera, residentes en diferentes ciudades colombianas y aún en el exterior.

El carnaval es algo tan esencial en la vida, es parte de uno, es un poquito más de uno, en donde no importa el dinero, no importa el tiempo, no importa el trabajo que te exija la comparsa ni los ensayos, ni el esfuerzo, ni el cansancio, ni nada de eso.

Lo importante es disfrazarse por el bien del carnaval, para gozar y propendiendo el bien de Riosucio, para que siga con su tradición” (Entrevista a Omar Julián Pérez.

Antología del Carnaval de Riosucio.

Publicación de la Gobernación de Caldas. Página 47).

Iconografía del carnaval

Los carnavales tienen sus características y sus elementos propios de identificación: fecha y la temporalidad de celebración, decretos y ritos de iniciación, fiestas populares, con participantes y multitudes espectadoras, comparsas de personajes de la tradición y de la actualidad, influyentes socialmente, máscaras y mascaradas, mensajes satíricos y jolgorio colectivo, exhibición corporal, disfraces emblemáticos, bailes tradicionales, coreografías circenses, espectáculos de representación, confrontación entre lo sagrado y lo profano, versos y coplería carnavalescas tradicionales, escuelas, cuadrillas y carrozas, embriaguez colectiva, coronación de un rey popular y ceremonia de clausura, entre otros elementos carnavalescos, de acuerdo al sistema político, las libertades y al legado cultural regional o nacional.

Carnaval de Macondo

El carnaval, la legítima expresión de resistencia cultural, no quedó por fuera de su novela, fue narrado por García Márquez.

“En el primer y último barco que atracó jamás en Macondo llegaron unas esplendidas matronas de Francia que introdujeron el carnaval que hundió durante tres días al pueblo en el delirio y le dio a Aureliano Segundo la oportunidad de conocer a Fernanda del Carpio.

Llegaron cuando el pueblo se desbordó en la plaza pública en una bulliciosa explosión de alegría y la fiesta alcanzaba su más alto nivel de locura (…).

La descarga de fusilería dejó muertos a nueve payasos, cuatro colombinas, diecisiete reyes de baraja, un diablo, tres músicos, dos pares de Francia y tres emperatrices japonesas, pero el gobierno negaría que hubo un carnaval Sangriento en Macondo”.

(Cien años de Soledad.)

Fiestas universitarias

Las fiestas universitarias de las primeras décadas del siglo XX, también hicieron parte en la génesis de los carnavales, estas eran denominadas “Pericles Carnaval”, en honor al personaje que simbolizaban con un muñeco de trapo que al final era quemado después de un juicio burlesco de parte de los estudiantes.

Los universitarios de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, tomaron ese símbolo porque Pericles, fue un gobernante ateniense del siglo V a.C, que apoyó las artes y las letras griegas.

Sin embargo, fueron efímeros cuando los carnavales estudiantiles compitieron frente a los eventos populares ya que hubo mayor aceptación de los carnavales de los ciudadanos.

Rumoran que Jovita Feijoo, en la ciudad de Cali fue reivindicada como reina popular, en un carnaval estudiantil que le competía a las damas en un carnaval exclusivo en el Club Colombia.

Tierra de carnavales

El mapa de los carnavales, testimonia que hubo razón en aquella declaración que nos señaló a los colombianos de ser la gente más alegre del mundo, pese a nuestros problemas de violencia y desplazamientos.

“Todo aquel que piense que está solo y que está mal. Tiene que saber que no es así” (Celia Cruz).

Marcos González Palacios, en “Construir Tejidos de Nación”, ponencia en la antología “Carnavales y Nación”, publicada por la Red Internacional de Investigadores, en “Estudios de Fiestas, Nación y Cultura”, afirma: “En Colombia se escenifican cada año unas 3884 fiestas de diversa tipología, entre las cuales 269 son carnavales”.

Entre enero y marzo, varios pueblos invitan a sus carnavales: “Blancos y Negros” (Pasto), “La Guaca” (Heliconia), “El diablo” (Riosucio),“Gallinazo embarrado” (Itagüí), “De La Leyenda del Hombre Caimán” (Barranquilla), ”Río de oro” (Cesar), entre otros.

Los carnavales son expresión de resistencia, fuente de saberes, memoria histórica y apuestas de vida.

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