Cali, octubre 10 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 9, 2026 19:54

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De la desnudez a la prisión del vestido

La moda no incomoda

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

“La moda no incomoda”, es un decir popular, que tal vez inspira a los diseñadores para innovar los estilos de los trajes y presentar sus nuevas colecciones en desfiles de pasarelas.

Pero las modas son los usos extendidos hasta en cortes del cabello, los tatuajes del cuerpo y gustos musicales generacionales.

En los desfiles de modas de ropa, algunos asistentes se sorprenden y tal vez duden de su éxito mercantil, debido a lo extravagante de los diseños, temerosos que tales trajes sólo sean acogidos en las pasarelas; otros imaginarán filas de personas dispuestas a adquirirlos y vestirlos.

En su mayoría los observadores confían en el eslogan de “que la moda no incomoda”, y que “por el traje sí se conoce al monje”.

Sin embargo la evolución de las maneras de vestir, ha sido poco valorada por los historiadores, aunque desde el génesis haya sido trascendental, por ejemplo, cuando Adán y Eva fueron requeridos por el Creador para que dieran cuenta de su desobediencia, vistieron hojas de parra, siendo la primera expresión de la moda.

Estar a la moda

Los cambios en la moda son cada vez más acelerados que los diseños parecieran efímeros, tanto que hay personas que buscan en los outlet piezas recién desactualizadas, que no se note al usarlas.

Los desfiles de modas venden mucho en los medios, al igual pautan proporcionalmente, se caracterizan porque son solemnes, donde convergen empresarios, diseñadores, comerciantes, modelos, público y presentadores que fundamentan los nuevos diseños y colores mediante teorías ecológicas, filosóficas, económicas, desarrollistas, incluyentes y hasta políticas.

El éxito de los cambios en la moda está determinado porque incite a vestir nuevos estilos, es decir, que convenza que estar a la moda es lograr estatus social. Vestir a la moda garantiza conquista, al punto de ser el pasaporte para las relaciones sociales.

El éxito en la industria del vestido, más que la finura de las telas y la simetría en las confecciones, está determinado por la capacidad de incentivar el consumo imitativo tras seducir con los lanzamientos de nuevos trajes emblemáticos.

Historia de la moda

La manera de vestir es la más auténtica expresión de la cultura de las comunidades, por lo tanto, la imposición de otras maneras es garantía de dominación cultural, así lo dieron a entender los cronistas de Indias al narrar la reacción de los conquistadores, portadores de una cultura judeo-cristiana, en su encuentro con las comunidades tribales precolombinas:

“Los hombres en el Darién andan desnudos y descalzos sin traer en sus cuerpos otras coberturas ni vestidura que las que les dio natura. En las partes deshonestas atados con hilos unos caracoles de hueso o de muy fino oro” (Cieza de León).

Enterada la Corona Española, que en sus principios morales consideraba algo pecaminoso la exhibición de las partes corporales íntimas, inmediatamente comunica como urgente exigencia a los conquistadores, que enseñaran púdicas maneras de vestir a los indígenas.

En la instauración de los virreinatos, cada grupo o clase social pasó a distinguirse por las prendas que vestirían, desde los virreyes, los nobles, los criollos, los mestizos, los indígenas y los esclavos.

De política a lucrativa

En la era industrial la moda se convirtió en estrategia lucrativa que viene a determinar éxitos en la competencia comercial.

Pero en otrora la moda sólo reflejaba los cambios socio-políticos, por ejemplo, aunque son impuestos unilateralmente por los patronos, los uniformes vienen a ser la moda forzosa que identificará a los obreros.

Los sindicatos promueven paros por mejores salarios, jamás por desacatar la moda del uniforme. La moda también es aprovechada como símbolo de rebeldía, por ejemplo, los movimientos feministas demostraron que la mujer al relevar las faldas por el uso del pantalón se oponía a ser relegada como mero sexo débil.

“El pantalón acompañó las transgresiones que jalonaron la ruta de la emancipación de las mujeres – dice Christine Bard en Historia política del pantalón- Artistas, feministas, revolucionarias, viajeras, actrices, deportistas, fueron innumerables las mujeres conocidas y desconocidas que se apropiaron de la prenda masculina. En las décadas de 1960 y 1970 el pantalón se formalizó en la moda femenina”.

Moda versus costumbre

Hay que diferenciar entre la moda y las costumbres regionales de vestir en la cultura de cada país. La moda es impuesta unilateralmente por los diseñadores.

La costumbre en el vestir hace parte de la tradición cultural. La moda es efímera, la costumbre es permanente porque es símbolo de identidad. La moda es autocrática, las costumbres son democráticas.

La moda se aprovecha de las tradiciones y de los cambios de la cultura, para imponer sus diseños. La moda es presentada como satisfactoria de la evolución de las necesidades sociales.

En la moda son importantes las psiquis humanas, porque lo novedoso se fundamenta en la complacencia y la satisfacción de placeres colectivos, donde quienes no están a la moda, son tachados como individuos obsoletos.

En los últimos tiempos de la rebeldía generacional y de la libertad sexual, los diseñadores priorizan la inclusión de género y las transparencias en las prendas.

Hasta el deporte cae en la moda, sino observemos cómo la Selección Colombia cada vez cambia tonos en los colores de su uniforme.

Nuevas tendencias

Los diseñadores lo primero que hacen es vestir a artistas famosos con sus nuevos trajes como estrategia seductora para la apetencia popular de la moda y fundamentan sus nuevas tendencias con colores y texturas acorde a la actualidad de los hechos sociales, por ejemplo, los protagonismos de las etnias, las políticas medioambientales, la defensa de la tierra, las causas populares, la diversidad cultural, la comodidad en el uso, los colores vanguardistas, inclusive, en el regreso a pasadas maneras de vestir.

“Vestirse es parte de la estrategia de defensa y adaptación del hombre a su entorno y hacerlo se ha considerado como signo de civilización, pero el vestido es mucho más que la respuesta racional a la necesidad de protegerse de los elementos naturales (…) La moda va borrando todo carácter individual y regional del traje y aun las prendas que mostraron ser más adecuadas y resistentes, como la ruana y el pañolón sienten contados sus días frente al avance de atuendos casi desechables”. (La prisión del vestido. Aida Martínez Carreño. Ariel. 1995)

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