Cali, octubre 10 de 2026. Actualizado: sábado, octubre 10, 2026 14:18
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Las modernas fusiones y las nuevas tendencias de la música, no han sido óbice para que el vallenato continúe vigente en la cultura Caribe. Una referencia sobre el vallenato requiere que lo relacionemos con los cantos de vaquería, la juglaría, las leyendas, los mitos, la narración oral, la parranda, la piquería, los festivales, las tradiciones de los pueblos del Valle de Upar, los compositores y, con los sonidos conjuntamente emitidos por el acordeón, la caja y la guacharaca. Tomás Darío Gutiérrez, Ciro Quiroz Otero, Julio Oñate e Ismael Medina, entre otros folclorólogos, le investigaron su origen histórico; Carlos Vives lo universalizó con “La gota fría”; Pilar Tafur, seleccionó las mejores letras en su “Antología de los mejores vallenatos”; e Ismael Medina Lima, hace una aproximación literaria a los cantos narrativos.
Gabriel García Márquez le rinde tributo literario y Consuelo Araujonoguera define su léxico y, sobre todo, le defendió la pureza al vallenato clásico frente a las últimas tendencias comerciales en que caía. La Ley 739 de 2002, declaró su festival de Valledupar como patrimonio cultural de la nación y en el 2015 la Unesco incluyó la música vallenata tradicional del Magdalena Grande en la Lista de Patrimonio Cultural en necesidad de salvaguardia urgente.
El 55 Festival de La Leyenda Vallenata, se realizó entre el pasado miércoles 27 y el sábado 30 de abril, en la plaza Alfonso López de Valledupar, rindiendo homenaje al juglar Jorge Oñate. En 1968, Rafael Escalona, Consuelo Araujonoguera, Gabriel García Márquez y Alfonso López Michelsen, fueron los promotores de la primera versión del festival en Valledupar.
El vallenato, además de corriente musical que desde hace medio siglo se expandió por todo el territorio nacional y derribó los limites internacionales, son cantos narrativos para escuchar, pero también son historias para leer. Quien quiera conocer su origen histórico, su contexto social y su esencia literaria, bien puede acudir a esta rica fuente bibliográfica: “Vallenato, hombre y canto”, de Ciro Quiroz Otero; “Cultura vallenata: origen, teoría y pruebas”, de Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa; “El abc del vallenato”, de Julio Oñate Martínez, “Vallenatos en su tinta, una aproximación literaria”, de Ismael Medina. Y si quiere recordar y dimensionar al más grande juglar del vallenato y valorar el trabajo de su mejor cultora, que abra las anecdóticas páginas de: “Rafael Escalona, el hombre y el mito”, de Consuelo Araujonoguera.

Consuelo “La Cacica” Araujonoguera, gestora del festival de Valledupar, defendió el vallenato puro que se interpreta con el acordeón, la caja y la guacharaca, ella se oponía a agregar en los grupos: bajos eléctricos, sintetizadores y baterías. En el vallenato comercial la letra no corresponde a narraciones de la cultura Caribe. En febrero de 1997, se pronunció con su “Diatriba contra el vallenato comercial”, oponiéndose contra las letras que lo desfiguran. “El vallenato de verdad, no se hace. No se fabrica. No se elabora. Ni siquiera, digo yo, se piensa o se diseña. El vallenato simplemente nace. Nace con fuerza como cualquier muchachito entre sollozos y pataleos después de que lo engendra el sentimiento y lo pare la inspiración. Los otros son los vallenatos de probeta, de laboratorio o, lo peor, abortos de vallenatos”.
Gabriel García Márquez lo homenajeó: “Meses después volvió Francisco el Hombre, un anciano trotamundos de casi 200 años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo. En ellas, Francisco el Hombre relataba con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario, desde Manaure hasta los confines de la ciénaga, de modo que si alguien tenía un recado que mandar o un acontecimiento que divulgar, le pagaba dos centavos para que lo incluyera en su repertorio (…) Francisco el Hombre, así llamado porque derrotó al diablo en un duelo de improvisación de cantos, y cuyo verdadero nombre no conoció nadie, desapareció de Macondo durante la peste del insomnio y una noche reapareció sin ningún anuncio en la tienda de Catarino”. (Cien años de soledad)
Consuelo Araujonoguera, en 1994, publica su investigación sobre las voces, los modismos, los giros, las interjecciones, las locuciones, los dichos, los refranes y las coplas usadas por los compositores de vallenatos. En esa monumental obra bibliográfica también narra las costumbres que contextualizan al vallenato.
“Las parrandas espontáneas, esas que van surgiendo solas sin que nadie se haya propuesto organizarlas, se daban frecuentemente con el solo ingrediente de unas cuantas botellas de chirinche (ron destilado en los trapiches) y la garganta de los buenos decimeros que se encargaban del resto (…) Así, entre parranda y reunión, entre sus alegría visibles y sus pesares recónditos, Luis Gregorio cantó su ácida crítica al cura; se quejó de la mujer celosa; enjuició los falsos valores como el dinero, etc.”.
El festival vallenato se creó con el propósito de preservar los aires de este género musical (sones, puyas, paseos, merengue), cultivar y estimular nuevos intérpretes acordeoneros, propiciar el debut de voces infantiles, juveniles y aficionadas que le den continuidad cultural al vallenato.
En su programación siempre se incluyen rondas acordeoneras infantiles, juveniles y aficionadas, piquerias y canción vallenata inédita. Anualmente, en cada festival se escoge un nuevo Rey Vallenato. En 1968, Alejandro Durán fue el Primer Rey Vallenato. El año pasado, la corona le fue otorgada a José Ricardo Villafañe. Se recuerda, entre otros, como reyes vallenatos: Alfredo Gutiérrez (1974); Egidio Rafael Cuadrado (1985). Al cierre de este informe de Cultura se esperaba la escogencia del nuevo rey vallenato 2022.
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