Cali, enero 24 de 2026. Actualizado: sábado, enero 24, 2026 00:06

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Cuatro décadas de legado literario

Rulfo: maestro de escritores latinoamericanos

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Especial Diario Occidente

Se cumplieron cuatro décadas del fallecimiento de Juan Rulfo, murió el 7 de enero de 1986, reconocido por la crítica literaria como el maestro de los escritores latinoamericanos, varios de ellos brillaron en el Boom de la Literatura.

La producción literaria de Juan Rulfo fue mínima, una novela corta y una antología de cuentos, pero influyó notoriamente, inclusive en algunos que fueron Premio Nobel.

Rulfo público “El llano en llamas” (1953), una recopilación de sus cuentos: Nos han dado la tierra, La cuesta de las comadres, Macario, Anacleto Moriones, El hombre, La herencia de Matilde Arcángel, El día del derrumbe, No oyes ladrar los perros, la Noche que lo dejaron solo, En la madrugada, Diles que no me maten, Talpa, Paseo, Es que somos muy pobres y El llano en llamas.

Y “Pedro Páramo” (1955) su única novela, una narración corta cuya historia está centrada en Comala. El estilo y las temáticas rulfianas continúan como legado para las generaciones posteriores. Juan Rulfo fue un intelectual polifacético: guionista, investigador de la antropología centroamericana, editor de revistas culturales y fotógrafo.

Juan Rulfo, maestro de la narrativa, dejó un legado literario y fotográfico que sigue inspirando a generaciones de escritores.

AIRE DE LAS COLINAS Cartas a Clarita”, es el libro que contiene 81 cartas de su legado epistolar.

Rulfo, solía revisar, tachar y si no le gustaban sus borradores, los destruía, como hizo con sus novelas inéditas “La cordillera” y “El hijo del desaliento”, también con los cuentos “Días sin floresta”. El Diario Occidente, en el aniversario reivindica su vida y obra.

Rulfo y Gabo

Juan Rulfo, nació en San Gabriel, Jalisco, el 16 de mayo de 1917 y murió el 7 de enero de 1986 en Ciudad de México. Tras quedar huérfano muy niño, estudió en un orfanato de Guadalajara.

Quiso hacer la carrera de Derecho, pero la universidad pública fue clausurada por problemas políticos en México. Tomó cursos, por ejemplo, de fotografía.

Juan Rulfo y Gabriel García Márquez, ambos desempeñándose de guionistas, forjan una perdurable amistad.

Desde entonces Gabo fue su gran admirador:El conocimiento de su obra me mostró el camino que buscaba para escribir mis libros. Siempre vuelvo a releerlo completo, y siempre vuelvo a sentir el mismo asombro de la primera vez” .

Gabriel García Márquez en su libro de memorias “Vivir para contarla”, narró cómo lo leyó:Álvaro Mutis subió a grandes zancadas a mi casa con un paquete de libros, separó del montón al más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Era Pedro Páramo. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura”.

El Zorro es más sabio

Augusto Monterroso, escritor guatemalteco que vivió exiliado desde 1944 en México, desde que inmigró al país azteca inició una gran amistad y tertulias literarias con Juan Rulfo.

Monterroso, conocedor del interés de los críticos para saber si su amigo preparaba otra publicación, decidió darles pistas con “El Zorro es más sabio”, fábula que les señala las claves a los ansiosos admiradores ávidos de una respuesta.

El Zorro decidió convertirse en escritor. Su primer libro resultó muy bueno, un éxito, todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido a los más diversos idiomas. El segundo fue todavía mejor, y varios académicos de lo más granado, lo comentaron con entusiasmo y escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro. Desde ese momento el Zorro se dio con razón por satisfecho y pasaron los años y no publicaba otra cosa. Pero los demás empezaron a murmurar y a repetir: ¿Qué pasa con el Zorro?, y en los cocteles se le acercaban y le decían que tenía que seguir publicando. Pero si ya he publicado dos libros, respondía él hasta el cansancio. El Zorro no lo decía, pero pensaba: en realidad lo que éstos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer. Y no lo hizo”.

Narró con su fotografía

Juan Rulfo, fue caso sui generis, además de provocar imágenes con sus narraciones, también narró con su fotografía.

Con su cámara capturó la arquitectura, narró costumbres y la historia de México. Su faceta de fotógrafo talentoso la inició muy joven, a la par cuando empezó a escribir cuentos.

La naturaleza, los paisajes, las calles empedradas, los caminos, la arquitectura de las iglesias, los mercados en las plazas, los primeros transportes y las costumbres mexicanas, fueron sus temas preferidos y los puntos de interés que le inspiraron su trabajo fotográfico.

Concebía el mundo como se presenta día tras día, aparentemente inmutable –dijo sobre su fotografía el crítico de arte Daniele De Luigi-. Sus fotografías muestran instantes ordinarios caracterizados de hecho por la repetición de su naturaleza. A nivel estructural, destaca su tendencia por la simetría, a menudo las líneas dividen en partes homogéneas el encuadre, ya sean aquellas del horizonte, de un edificio o de una sombra”.

Juan Rulfo, en Guadalajara, en 1960, por primera vez aceptó participar en una exposición, donde exhibieron 23 fotografías.

En Ciudad de México, en 1980, el Palacio de Bellas Artes, en Homenaje Nacional a su Catálogo, seleccionó y expuso sus cien mejores fotografías.

De escribir cartas de amor

a narrador de la revolución

A Juan Rulfo se le admiró por sus cuentos de “El llano en llamas” y su novela “Pedro Paramo”, producción literaria que lo acreditó como innovador de la narrativa social y política, comprometida con la revolución cristera.

Su narración denunció el latifundio, el gamonalismo, la problemática agraria, la insurgencia y la violencia, los principales problemas de México a principios del siglo XX. Sin embargo, desde sus años mozos, Rulfo había incursionado en el género epistolar, con su tío ambos en búsqueda de trabajo, viajó a Guadalajara, desde donde semanalmente le escribe cartas a Clara Aparicio Reyes; Plaza Janés, en el 2000, las rescata, las selecciona y publica 81 de estas.

Son declaraciones íntimas, cargadas de romanticismo criollo, que no escatimaron la realidad y los problemas sociales que observaba en los lugares donde se albergó durante su ausencia.

Estamos viviendo el tiempo de las vacas flacas, cuando los pobres son más pobres y a los ricos se les merma su riqueza. Pero nosotros no fuimos los que escogimos el tiempo para vivir. Nacimos por milagro y todo lo que nos sigue dando vida es milagroso. Por eso no dudo, y menos aún ahora, de que los dos juntos seremos fuertes para aguantar el amor o la alegría o la tristeza o lo que venga”. (Carta 38).


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