Cali, octubre 13 de 2026. Actualizado: martes, octubre 13, 2026 19:39

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Ni toda grieta significa demolición, ni todo edificio que quedó en pie significa seguridad

¿Reparar o demoler? Así debe evaluarse un edificio afectado por un terremoto

Los damnificados por el terremoto enfrentan hoy uno de los dilemas más complejos de la emergencia: decidir qué hacer con las edificaciones que habitaban cuando de esa decisión dependen no solo su patrimonio, sino también sus vidas.

Mientras algunas unidades de propiedad horizontal han sido desalojadas preventivamente, obligando a cientos de familias a buscar dónde reubicarse sin tener todavía certeza sobre la gravedad real de los daños, otras personas continúan viviendo en inmuebles que podrían presentar afectaciones serias.

La incertidumbre aumenta ante la alta demanda de profesionales especializados capaces de determinar técnicamente el futuro de cada estructura, mientras el tiempo apremia: las familias necesitan saber si pueden regresar, si deben reparar, si tendrán que abandonar definitivamente sus viviendas y, sobre todo, dónde van a vivir mientras llega una respuesta confiable.

¿Reparar o demoler?

Después de un terremoto, una grieta puede generar miedo y un edificio que permanece en pie puede transmitir tranquilidad.

Sin embargo, ninguna de esas dos imágenes, por sí sola, permite determinar si una edificación debe ser demolida, reparada o puede continuar siendo ocupada.

Tomar una decisión de esa magnitud requiere evaluaciones técnicas realizadas bajo procedimientos y criterios establecidos en la normatividad colombiana.

Uno de los primeros aspectos que debe entenderse es la diferencia entre daños estructurales y no estructurales.

Una fisura en un muro, el desprendimiento de un acabado o daños en mampostería no necesariamente significan que la estructura principal esté comprometida.

De igual manera, que un edificio no presente grandes daños visibles tampoco constituye automáticamente una certificación de que se encuentra en condiciones adecuadas.

La Ley 400 de 1997, la NSR-10 y sus modificaciones, así como los lineamientos y metodologías establecidos para la evaluación de edificaciones después de un sismo, constituyen parte del marco técnico bajo el cual deben realizarse estos análisis.

Un principio fundamental es que las edificaciones sismo resistentes están concebidas para responder de manera diferente dependiendo de la intensidad del movimiento: ante determinados sismos pueden aparecer daños en componentes no estructurales e incluso, frente a eventos fuertes, presentarse daños estructurales sin que necesariamente se produzca el colapso.

También es fundamental distinguir entre una inspección visual post sísmica y una evaluación completa de vulnerabilidad estructural.

La primera permite identificar señales visibles, clasificar daños y establecer si se requieren estudios adicionales, pero sus alcances son limitados.

Por ello, una inspección predominantemente visual no debería interpretarse como equivalente a una evaluación integral de la estructura.

La pregunta, entonces, no debería reducirse a “¿el edificio tiene grietas?”, sino avanzar hacia interrogantes mucho más importantes: ¿dónde están localizadas?, ¿qué elementos fueron afectados?, ¿son estructurales?, ¿existen deformaciones o desplazamientos?, ¿qué comportamiento tuvo la edificación durante el sismo?, ¿es suficiente una inspección visual o se requieren ensayos y estudios especializados?

Solo después de recorrer ese camino técnico es posible aproximarse responsablemente a una de las decisiones más delicadas después de un terremoto: determinar si una edificación puede repararse, necesita una intervención estructural de mayor alcance o existen razones técnicas suficientes para considerar su demolición.

Y en este punto hay una regla que debería quedar clara para propietarios, administradores y residentes: ni toda grieta significa demolición, ni todo edificio que quedó en pie significa seguridad.

La decisión debe estar respaldada por evidencia técnica y profesionales competentes.

¿Quién debe revisar el edificio y cuánto puede tardar una evaluación?

En medio de la urgencia por saber si una familia puede regresar a su vivienda, repararla o debe abandonarla, aparece otra pregunta fundamental: ¿quién está realmente capacitado para determinar el estado de una edificación después del terremoto y qué tan rápido puede hacerlo?

El Magister en ingenieria civil Nicolás Delgado explica que una evaluación responsable no consiste en recorrer un edificio durante unos minutos, observar algunas grietas y emitir un concepto.

Es un proceso que comienza con una inspección visual y que, dependiendo de lo encontrado, puede avanzar hacia estudios especializados mucho más complejos.

“El primer paso es una inspección visual”, explica Delgado.

Esta primera revisión puede realizarla un ingeniero civil y, según señala, también podría hacerla un arquitecto con experiencia, aunque considera preferible que esté a cargo de un ingeniero civil.

Se trata de efectuar un recorrido general que permita identificar elementos estructurales y no estructurales, reconocer daños visibles y entender cómo está configurada la edificación.

Para hacerlo correctamente hay un elemento que puede marcar una enorme diferencia: tener disponible la mayor cantidad posible de información técnica del inmueble.

Planos, diseños, estudio de suelos y demás documentos existentes permiten que el profesional se familiarice con el sistema estructural que hace parte de la resistencia sísmica del edificio y, sobre todo, que pueda diferenciar lo estructural de aquello que no lo es.

Estas inspecciones, señala Delgado, deben seguir los estándares relacionados en las circulares expedidas por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, que a su vez toman como referencia otras normas y metodologías técnicas.

Cuando la inspección visual encuentra señales de alarma

Si durante ese primer recorrido aparecen elementos estructurales comprometidos, desplazamientos considerables o deformaciones superiores a las normales, el proceso debe pasar a manos de un especialista.

Delgado explica que puede intervenir un ingeniero estructural o diseñador estructural, preferiblemente con experiencia, o un patólogo con más de tres años de experiencia después de obtener su título de posgrado.

A partir de ese momento comienza una evaluación mucho más profunda y nuevamente la documentación del edificio se vuelve determinante.

El escenario más complejo, advierte, es encontrar una edificación de la cual no existen planos, diseños, estudio de suelos ni otra información técnica disponible.

En esas condiciones, los especialistas deben prácticamente reconstruir técnicamente el edificio.

“Tienen que empezar a analizar columna por columna, viga por viga, losa por losa, a ver cómo están construidas”, explica.

Esto significa realizar un levantamiento estructural que permita posteriormente reconstruir un modelo virtual de la edificación.

Para Delgado, este es “el peor de los escenarios”, precisamente por el trabajo, el tiempo y la complejidad que implica.

Cuando ocurre lo contrario y toda la documentación está disponible, el proceso puede avanzar de otra manera.

Los especialistas pueden realizar verificaciones aleatorias para establecer si lo diseñado coincide con lo que efectivamente fue construido.

Esa comparación permite avanzar en el diagnóstico e intentar establecer las razones de determinadas fallas, desplazamientos o deformaciones encontradas.

¿Reparar significa simplemente arreglar las grietas?

No necesariamente. Si el análisis especializado determina que existe una amenaza o que la vulnerabilidad sísmica del edificio es alta, comienza una nueva etapa: el diseño del reforzamiento estructural.

Y este procedimiento puede ser considerablemente más complejo de lo que imaginan los propietarios.

Dependiendo de las condiciones del inmueble, puede requerirse un plan de apuntalamiento.

Delgado lo explica de una manera gráfica: en casos complejos puede significar prácticamente construir “una edificación paralela” mientras se realizan las reparaciones.

La razón es que algunos de los elementos que necesitan ser intervenidos tendrán que demolerse y, mientras dejan temporalmente de cumplir su función, otros elementos deberán asumir esa responsabilidad estructural.

Por eso, advierte, el apuntalamiento es un procedimiento especialmente delicado que debe realizarse siguiendo estrictamente un plan definido por un patólogo estructural o un diseñador estructural.

El reforzamiento tampoco es igual para todas las edificaciones.

Puede implicar aumentar la sección de una columna, incorporar riostras metálicas, ampliar vigas o reforzarlas mediante diferentes métodos.

Cuál intervención corresponde debe determinarlo el especialista.

Delgado llama además la atención sobre las edificaciones construidas antes de 2010, que, según explica, posiblemente requieran una actualización frente a la normativa posterior.

Esa actualización puede terminar haciendo parte de las intervenciones que deban contemplarse en el proceso.

Una evaluación seria necesita tiempo

En una ciudad donde miles de personas necesitan respuestas rápidas, este es quizás uno de los puntos más difíciles de comprender: una evaluación responsable no necesariamente puede hacerse rápido.

Si la documentación técnica de una edificación no está disponible, solamente conseguirla o reconstruir la información necesaria puede tardar meses.

Incluso la primera inspección visual requiere tiempo.

Delgado calcula que revisar minuciosamente una sola unidad de vivienda —un apartamento o una casa— puede tomar unas tres horas.

El profesional debe recorrer espacio por espacio, identificar posibles fallas, establecer en qué elementos aparecen, analizar la configuración de la vivienda y realizar un registro fotográfico.

Cuando se trata de un conjunto residencial completo y la inspección debe hacerse vivienda por vivienda, el trabajo puede extenderse durante una semana completa.

Si únicamente se revisan las zonas comunes del conjunto, podría requerirse un día o máximo dos, dependiendo de sus características y afectaciones.

Por eso Delgado hace una advertencia especialmente importante en medio de la emergencia: una inspección responsable “no es un repasoncito de 20 minutos o media hora”.

Esta diferencia resulta crucial cuando de un concepto técnico pueden depender decisiones que cambiarán la vida de decenas o incluso cientos de familias.

Determinar si un edificio puede seguir habitándose, necesita reparación, requiere reforzamiento o enfrenta un escenario más complejo exige información, especialistas, metodología y tiempo; no solamente una mirada rápida a las grietas que dejó el terremoto.


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