Cali, marzo 24 de 2026. Actualizado: viernes, marzo 20, 2026 23:27
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
“En agosto nos vemos”, fue lanzada como novela el 6 de marzo. Más que leerla como obra póstuma de García Márquez, animaba la curiosidad de comprobar si realmente era novela suya e inédita.
El editor afirmó que era una idea que a Gabo desde hacía años le daba vueltas y que dejó capítulos sueltos en borradores con varias versiones.
Lo de inédita es controvertible pues su autor ya había publicado dos cuentos en la “Revista Cambio”: “En agosto nos vemos” (No.303 de abril 5 de 1999) y “La noche del eclipse” (No. 516 de mayo 19 de 2003). Si ahora hacen parte de los capítulos de la nueva novela, significa que el 40 por ciento no es inédita.
Una novela es una narración total y sólo su autor decidirá cómo quedará estructurada y cual será su versión final, igual que el escultor y su obra.
Esa vez, “Cambio” presentó el cuento como primer capítulo de su próxima novela, pero Gabo falleció sin materializarse. Extraño, porque él se sentaba a escribir un proyecto, hasta el final.
Cuando García Márquez anunciaba que empezaba a escribir una nueva novela, aún sin terminarla les compartía los primeros capítulos a sus amigos, enviaba copias a los medios y concedía entrevistas.
Al escribir “Cien años de soledad”, todavía usaba máquina de escribir, gastó más de tres mil hojas porque cuando cometía un error o algo no le gustaba, lo arrugaba en forma de pelota de papel e iba a parar a la cesta. Pero, muy pronto, Gabo nos dio ejemplo cuando adquirió la destreza digital recién llegaron al país los computadores, a pesar de ser ya un adulto mayor.
Los capítulos de “Vivir para contarla”, sus memorias, los envió por correo electrónico al editor. Tras nuestro salto a la digitación, jamás acumulamos cinco versiones, porque en cada revisada pulimos el texto sin cambiarlo, ni llenarnos de basura. Así no dejamos rompecabezas para que otros traten de armarlos.
Al usar el computador olvidamos la letra a puño y para siempre dejamos a un lado la máquina de escribir.
Difieren en funciones el restaurador y el curador. El primero reconstruye lo dañado o termina una obra de arte con las piezas que se alistaban.
En cambio, el curador evita el deterioro de la obra original. Jamás compraríamos una escultura con piezas pegadas. Tampoco una pintura sin la firma del artista, como esas que ofrecen, cuando otro se atreve a pintar réplicas de cuadros famosos.
Tratándose de una novela la función del editor es análoga con la del curador, y eso, si en vida se ponen de acuerdo para que este le corrija la ortografía y le sugiera: cambios gramaticales, mejoramiento de estilo, posible título de la obra y diseño del libro.
De ahí que, en relación con “En agosto nos vemos” sea discutible la nota escrita por el editor Cristóbal Pera: ”Mi labor en esta edición ha sido la de un restaurador ante el lienzo de un gran maestro”.
Sería legítimo un acuerdo, si él viviera. Rodrigo García, recuerda cuál fue la sentencia final de Gabo: “Este libro no sirve. Hay que destruirlo”.
La novela se caracteriza por la unidad estructural, el tono narrativo y la cohesión de capítulos. Ningún autor se atreve a presentar como nueva novela suya lo resultante del ejercicio de reunir varios cuentos que ya había publicado y que le pone un título.
García Márquez, acostumbraba publicar a contrario sensu, por ejemplo, el cuento “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada” (1972), se derivó de un párrafo de la novela “Cien años de soledad” (1967). Jamás reunía cuentos suyos para presentarlos como nueva novela.
Fue diferente que el mundo de Macondo lo trabajara desde sus primeros cuentos y en “Cien años de soledad” lo maduró como novela total, pero sin camuflar antología alguna.
Gabo sí agrupaba sus cuentos en bloques que denominaba con el título de uno de ellos, por ejemplo, “Ojos de perro azul”, “La Cándida Eréndira” o “Doce cuentos peregrinos”; pero jamás los anunció como tres novelas nuevas, sino como antologías de cuentos.
El editor, sin titularlo, insertó en el capítulo tercero, página 57, “La noche del eclipse” cuento que Gabo publicó en la página 18 de “Cambio” No.516, autorizado por él mismo como presidente del consejo editorial de la revista, como una narración inédita en exclusiva para los lectores de CAMBIO.
En mayo de 2003, gozaba de sus plenas facultades mentales y era muy disciplinado con sus proyectos literarios, recordemos que en octubre de 2002 publicó “Vivir para contarla”, (sus memorias) y en octubre de 2004 publicó su última novela “Memoria de mis putas tristes”.
Es inexplicable que la reciente novela haya iniciado su capítulo tercero con un pedazo narrativo de cuatro páginas (53-56) que no está en el cuento original “La noche del eclipse”: “Al desembarcar en la isla vio su taxi más desmerecido que nunca y se decidió por otro nuevo”.
El cuento en Cambio (página 20), inicia así: “Otros misterios de aquel hotel extravagante no fueron tan fáciles para Ana Magdalena Bach”.
Un mérito singular de García Márquez es haber sido profético con sus columnas periodísticas y con sus ficciones novelísticas.
En “Cien años de soledad” (1967), por ejemplo, narró que el joven José Arcadio regresaría a Macondo con todo el cuerpo tatuado, profetizando la actual moda social; que para los liberales masones eran iguales bastardos y legítimos ante la ley, quince años después así lo aprobó el Congreso; que el gobierno firmaría tratados de paz con los alzados en armas; narra que José Arcadio muere un jueves santo y Gabo fallece en la Semana Santa de 2014, entre otras profecías. A propósito del hecho editorial del momento, hallé una columna profética que tal vez nos de luces para entender el lanzamiento de “En agosto nos vemos”: “Romper los cuentos es algo irremediable, porque escribirlos es como vaciar concreto. En cambio, escribir una novela es como pegar ladrillos.
Quiere esto decir que si un cuento no fragua en la primera tentativa es mejor no insistir. Una novela es más fácil: se vuelve a empezar. Esto es lo que ha ocurrido ahora. Ni el tono, ni el estilo, ni el carácter de los personajes eran los adecuados para la novela que había dejado a medias” (¿Cómo se escribe una novela? García Márquez. Espectador 25/ 1/ 1984).
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