Cali, abril 29 de 2026. Actualizado: martes, abril 28, 2026 22:55
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Llegó a las librerías “Educación Positiva”, obra de José Darwin Lenis Mejía, que en su lanzamiento en la Feria Internacional del Libro de Cali FILCALI 2023, por error del distribuidor que trocó las cajas en Bogotá, dejó muy ansioso a más de un centenar de lectores y educadores que escucharon a su autor.
Darwin, que hace honor a su nombre, lleva tres décadas dedicadas a la investigación de la educación, tanto del legado de los grandes pedagogos de la historia, como a su contextualización social y la pertinencia de las metodologías didácticas.
Pero José Darwin Lenis Mejía no es un mero investigador de biblioteca, es titulado en Licenciatura en la Universidad Santiago de Cali, Ph de la Universidad del Valle y, docente de maestrías en el ICESI de Cali y la UIS de Bucaramanga. José Darwin, considera que para su producción intelectual lo más valioso es su experticia de maestro, desde el nivel básico hasta la educación universitaria.
Además, ocupando puestos administrativos de la educación pública y de la cultura, ha conocido los obstáculos (el modelo estatal neoliberal, las ambigüedades jurídicas, las gestiones burocráticas y la aprobación de las destinaciones presupuestales), que retardan la atención de los derechos.
El autor de “Educación Positiva”, es colaborador permanente en revistas de educación en Colombia y en Latinoamérica. Esta es su tercera obra bibliográfica, después de “¿Qué es la educación? y “Didáctica y saber de la Educación Técnica en Colombia”.
Durante la última década la parte más visible de la crisis educativa está representada por la desmotivación escolar y la adicción a los celulares, factores nefastos que afectan los aprendizajes.
Si por mucho tiempo la queja, tanto de los docentes como de los padres de familia, era de la apatía de los jóvenes hacia la lectura y la repercusión en la baja comprensión textual, ahora el problema se vuelve crónico porque la adicción al celular ocupa la mayor parte del tiempo de los estudiantes.
“Educación Positiva” es una propuesta para que los maestros afronten el desafío de formar en la dictadura digital y el imperio de las emociones. “La educación positiva –postula José Darwin Lenis Mejía- posibilita un marco de entendimiento y acción para el bienestar social en donde la salud mental, el trámite de las emociones y el reconocimiento del otro se valoran y se anclan como práctica cotidiana.
Por esto, en este siglo hay un fenómeno humano que ha tomado una fuerza sorprendente e inusitada, la búsqueda de la felicidad. Parece contradictorio pensar en ese propósito cuando lo que más se ve en el día a día son las angustias, el estrés. El miedo y una serie de efectos negativos en la autoestima, en el respeto a la singularidad de un cuerpo o una cierta débil voluntad de salir adelante en proyectos y programas de orden personal, familiar o institucional.
La educación positiva en esta perspectiva es, horizonte de esperanza y futuro concreto”.
La educación tradicional practicada durante siglos fue dirigida a un alumno inmerso en el aula, que por ende, no tuvo en cuenta las emociones humanas y sólo educaba para el sometimiento y jamás para el emprendimiento y el liderazgo.
“Educación Positiva”, quiere desvirtuar todo ese pasado nefasto de la educación. Así como el consumir agua impotable enferma el organismo, parecido ocurre con el espíritu cuando se recibe una educación que no sea potable en la formación espiritual.
José Darwin Lenis Mejía para una mejor comprensión de su propuesta de parte de los educadores, define la educación positiva echando mano de conceptos cotidianos, aplicándolos por analogía: educación potable, campo abierto, pilar de mociones y liderazgo humano.
“La potabilidad de la educación –dice José Darwin Lenis Mejía- es entendida desde su claridad y fluidez, y en ese escenario la eficacia de la comunicación, transparente, veraz y cálida, es parte fundamental de esta evolución de paradigmas en la que todo se ajusta y cambia para nuevas exigencias en la formación y en la cercanía de los vínculos”.
En los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, durante el proceso de urbanización del territorio nacional, a pesar que la construcción de las escuelas y los colegios públicos fueron asumidos por los gobiernos, estos tenían sobrecupo. Medio siglo después, cuando se ha logrado en un cien por ciento la atención estatal, paradójicamente, el nuevo problema social ya no es el de la cobertura, sino de la deserción escolar.
Los administradores de la educación ahora emprenden campañas y estrategias con la consigna de “todos a estudiar”. Sin embargo, si no se asume el problema de las emociones, serán en vano tales estrategias que pretenden erradicar las causas de la deserción escolar.
“Las emociones, de acuerdo con investigaciones modernas y pruebas científicas -enfatiza José Darwin Lenis Mejía-, fomentan el aprendizaje a través de la estimulación de las redes neuronales que afianzan mayores conexiones sinápticas y una consolidación profunda de la comprensión.
Un cerebro alimentado desde la emoción es un músculo vibrátil y empático que se acerca a la dificultad desde la diversión y que tiene mayores posibilidades de interconexión a través de la atención.
Solo es posible una fijación profunda si existe una evidente emoción con lo que se desea comprender. Las competencias emocionales son esenciales en el desarrollo humano hacia un bienestar buscado desde todos los frentes del conocimiento (…) Y la satisfacción no es más que la emoción representada en las sensaciones del placer y el regocijo”.
Los críticos de la escuela, como por ejemplo el caso de Louis Althuser, que le endilgaron como uno de los aparatos ideológicos del Estado, le reconocieron sólo el papel coadyuvante del estancamiento social.
De ahí, la importancia de “Educación Positiva”, propuesta de José Darwin Lenis Mejía, que le reivindica cómo una de sus misiones será el proyectar las instituciones educativas para su trascendencia social con la formación de líderes.
“Un líder positivo reconoce el contexto donde ejerce su liderazgo y fomenta el desarrollo integral que busca trascender a través de distintos medios –refiere José Darwin Lenis al señalar esa misión de la escuela-, liderar tiene la connotación de movilizar las emociones hacia nuevos niveles de comprensión, al promover la ponderación de las situaciones vivenciales del entorno que se desea superar”.
Con una lectura colectiva y juiciosa de “Educación Positiva”, por parte de los docentes en las instituciones educativas, sumando sus compromisos profesionales, se empezará a asumir el desafío de formar en la dictadura digital y el imperio de las emociones.
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