Cali, octubre 28 de 2026. Actualizado: martes, octubre 27, 2026 21:19

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Aquí algunos consejos prácticos que le pueden ayudar

¿Cómo superar las crisis matrimoniales?

En los matrimonios siempre se presentan crisis y más en esta época en la que el individuo sólo quiere vivir el presente; el futuro y el pasado pierden importancia.

Busca lo inmediato, le rinde culto al cuerpo y a la tecnología, no tiene una escala de valores que le permita establecer patrones de conducta. Por ello, actúa desde un relativismo extremo, en el que cualquier tipo de proyecto- aunque contravenga los principios de la ética y la moral- se considera como válido.

Para Marcela Ariza de Serrano, investigadora del Instituto de Familia de la Universidad de la Sabana, cuando llegan las crisis no todo está perdido ya que incluso un pequeño roce puede ser el síntoma de la conveniencia de un nuevo y más íntimo reencuentro, del olvido de sí, de quienes componen el matrimonio.

Hay que aprender a interpretar de este modo las señales que establecen la oportunidad de empezar de nuevo y desde mayor altura. No despreciemos estas llamadas, aunque dolorosas, al crecimiento y a la maduración: son parte esencial de la vida conyugal y de cualquier proceso humano de desarrollo.

Aquilino Polaino Lorente, médico psiquiatra español, autor de más de 450 artículos y libros asegura al respecto:

Usted es especialista en intervención clínica. ¿En un matrimonio o en una familia, qué indicadores valdría la pena tener presentes para decidir que se requiere ayuda profesional a la hora de afrontar una crisis?

Para mí hay tres indicadores que no suelen faltar en las parejas en conflicto: la incomunicación, la rutina y el desdén por compartir la intimidad.

Las mujeres hablan, pero sus maridos ni les escuchan ni les responden. Es cierto que también ellas hablan más que ellos, y acaso demasiado e inoportunamente. Pero, sea como fuere, el diálogo desaparece y lo que no se comunica no se comparte; lo que no se comparte, aleja; lo que aleja, separa; y lo que separa acaba por romper.

Con la rutina pasa algo parecido. Algunas personas piensan que una vez que se han casado ya está todo asegurado. Pero eso no es verdad. La vida cambia y las personas se transforman con el tiempo. Nada es permanente en la vida humana.

Precisamente por eso, el amor hay que conquistarlo y reconquistarlo cada día, y no fiarlo todo al contrato que un día se suscribió. Especialmente, cuando el contrato matrimonial -en la legislación de algunos países- tiene un perfil mucho más bajo que un simple contrato mercantil, por lo que se puede deshacer con facilidad a petición de uno de ellos e incluso con la ignorancia del otro.

Si solo uno de los integrantes del núcleo familiar es consciente de ello, ¿Cómo persuadir al otro?

¿Qué argumentos darle?

Con diálogo, diálogo y diálogo. Es menester, aprender a escuchar al otro, sorprenderse por lo que dice, admirarlo en cada momento, respetar sus opiniones y hacer respetar las propias.

No se trata de imponer nada al otro. Se trata tan solo de tratarle de acuerdo con su dignidad y hacerle las propuestas que para él/ella son las más convenientes.

Si no se prefiere el bien del otro a la persona del otro, algo no va bien. Pero el bien del otro no se puede establecer como un mandato dogmático. Es mejor animar, estimular, sugerir, persuadir y avalorar la conquista del bien que se propone.

¿Cuáles son los principales retos que en la actualidad enfrenta el amor conyugal?

Los retos hoy más frecuentes para la consistencia, estabilidad y crecimiento del amor conyugal son los desencuentros, la indiferencia y la infidelidad.

Hombre y mujer han de encontrarse como tales en su matrimonio. Si no hay complicidad entre ellos, si no se entienden con una mirada, si no reviven mediante los recuerdos sus vidas entrelazadas de personas es porque no se encuentran.

A veces no se encuentran por falta de tiempo, a pesar de que ese encuentro está en el origen, en el principio de su vida conyugal. Sería conveniente que al menos dos veces al mes se encontraran como personas, es decir, sin hablar de los hijos, ni de dificultades o problemas. Es llegada la hora de hablar solo de tú y yo, y de cómo querernos más y mejor.

¿Qué hacer?

La clave es aprender a ponernos entre paréntesis para conceder más importancia a la felicidad del cónyuge y a la de los hijos, que a un presunto bienestar personal conseguido al margen de las obligaciones familiares y conyugales.

Las parejas que cuentan con más información acerca de cómo comunicarse efectivamente con su esposo(a) estarán mejor preparadas y equipadas para enfrentarse a las dificultades y conflictos.

Consejos prácticos

Aquí algunos consejos prácticos que pueden ayudar a superar las situaciones y a convertirlas en oportunidades:

• Esforzarse por comenzar de nuevo, cancelando la lista de agravios recibidos hasta el momento.

• Evitar por todos los medios, las ofensas de palabra, acción o gesto.

• Procurar resolver los conflictos que nos hacen estar mal con nosotros mismos: no puede establecerse una relación estable y suficiente con otro, si uno no acaba de saber por qué se encuentra interiormente tan a disgusto y desazonado.

• Remozar o inventar de nuevo los motivos, proyectos e ilusiones que dan atractivo a la vida en común. Evitar por todos los medios el aburrimiento.

• Aprender a callar cuando fuere necesario, evitando las discusiones inútiles y el más mínimo asomo de ironía.

• Instaurar una vida de relación íntima sana, positiva y centrada en la comunicación.

• Empeñarse con sentido del humor, en pulir los detalles que hacen más difícil la convivencia.

• Ejercitar el dominio de nosotros mismos, es imprescindible para hacer amable la vida en común.

• Frenar la tendencia a inspeccionar, controlar y vigilar al cónyuge. Incrementar la confianza en él y el respeto por el despliegue de su propia vida y personalidad.

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