Cali, agosto 13 de 2026. Actualizado: jueves, agosto 13, 2026 18:49
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Roberto Carlos cuando canta que quiere ser civilizado como los animales, enaltece la profesión del veterinario. En Colombia, mañana es el Día del Veterinario: mediante la Ley 44 de 1920 se creó la Escuela de Medicina Veterinaria de Bogotá, que inició labores el 10 de mayo de 1921 y luego se incorporó como facultad a la Universidad Nacional.
La medicina veterinaria, es una profesión parecida a la medicina en la relación con el ser humano, vela por el bienestar, la salud y la vida de los animales. Las mascotas, además de fundamentar la misión de la ciencia veterinaria, también inspiraron a los escritores: Esopo, Samaniego, La Fontaine, Rafael Pombo, Carlos Castro Saavedra, Humberto Jarrín, entre otros.
Si los caleños nos enorgullecemos porque vivimos en la “Capital de la salsa”, fundamentándolo con nombres de soneros y títulos de la música que bailamos; entonces pregonemos que habitamos la “Sucursal del cielo” porque es la ciudad de las mascotas, identificada con los emblemáticos “Parque del Perro” y la “Ribera de los Gatos”.
En Santiago de Cali funciona el centro de zoonosis, sin embargo, faltan censos con informes estadísticos oficiales de la relación exacta poblacional gatuna y perruna de la ciudad. Aumentará nuestro amor por los animales y la admiración por los veterinarios, acudiendo a la literatura inspirada en el ámbito animal.
Es rico el aporte de los fabulistas, los ensayistas y los cantores: “Cuando el hombre encontró al perro” (Konrad Lorenz), “Callejero” (Alberto Cortez), “Todo el mundo tiene su fábula” (Humberto Jarrín), “Jugando con el gato” (Carlos Castro Saavedra), “Elogio al gato” (Stephanie Hochet), “Gatos sin fronteras” (Antonio Burgos).
Al veterinario no se le valora simplemente como aquel profesional que se encarga de curar animales domesticados. La Organización Mundial de la Salud OMS, por primera vez desde 1946, valoró la medicina veterinaria como profesión relacionada con la salud pública.
Al veterinario hay que reconocerle ampliamente la importancia social que merece, porque indirecta y positivamente incide en la salud del ser humano, curando las mascotas mejora los ambientes familiares, comunitarios, psicológicos, higiénicos y de salubridad. Si el animal está bien, el ser humano también.
“Me tratan como a un perro”, era un dicho popular que en las últimas décadas ya perdió vigencia, y se usaba para quejarse del mal trato recibido por parte de la pareja. Ahora, las mascotas, además de una buena alimentación, calor en su morada, peluquería y embellecimiento, también reciben mucho afecto de sus amos. Esto reivindica el ejercicio profesional de los veterinarios.
Kevin González, autodefine su profesión: “Ser veterinario no es solamente cuidar y curar a los animales. Es sobre todo amarlos, importarnos si están alegres o si sufren. Es ser capaz de entender meneos de colas, arañazos cariñosos y mordiscos de afecto. Es acreditar la inmortalidad de la naturaleza y querer preservarla siempre más bella. Ser veterinario es oír los maullidos, mugido, balidos, relinchos, cacareos, ladridos, y principalmente, interpretarlos y entenderlos. Ser veterinario es aproximarse a los instintos. Es perder los miedos, ganar amigos de pelos y plumas que jamás te van a decepcionar. Ser veterinario es ser capaz de entender ojos tristes, orejas caídas, narices calientes, inquietudes o reposos anormales”.
Los perros son la mayoría, entre los pacientes cuyos amos los llevan a las clínicas veterinarias. “La fidelidad de un perro es un don precioso que impone obligaciones morales no menos imperativas que la amistad con un ser humano –afirma Konrad Lorenz-. La vinculación afectiva con un perro fiel es tan eterna como puede serlo, en general, cualquier otra entre seres vivos de esta tierra (…) Cuando Dios creó el mundo, debió tener motivos inescrutables para asignar al perro una vida cinco veces más corta que la de su amo. Confieso que ver envejecer un perro al que quiero, siempre ha arrojado una sombra sobre mi ánimo”. (Cuando el hombre encontró al perro. Tusquets Editor. Barcelona 1975). Konrad, tras la muerte de su perro Bully, confesó que durante muchos días creyó que lo seguía pegado a sus talones y le oía ladrar por reproducción eidética.
Alberto Cortez, canta autor argentino, compuso el tema “Callejero”, inspirado por la muerte de un can callejero: “Era callejero por derecho propio./ Su filosofía de la libertad/ fue ganar la suya sin atar a otros/ y sobre los otros, no pasar jamás (…) Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño/ que condicionara su razón de ser/ libre como el viento, era nuestro perro, /nuestro y de la calle que lo vio nacer (…) Era el callejero de las cosas bellas/ y se fue con ellas, cuando se marchó; se bebió de golpe todas las estrellas, /se quedó dormido y ya no se despertó”.
Stephanie Hochet, París 1975, novelista francesa, dice que el misterio del gato está en sus características humanas. “Este animal ha inspirado a la gente en sus representaciones más importantes de la libertad, del poder, de la feminidad o de la divinidad. La seducción forma parte del comportamiento felino, cuando quiere que lo adopten y desea ser acariciado”. Charles Perrault, hizo la mejor descripción del felino en “El gato con botas”. En su ensayo “Elogio del gato”, Hochet , analizando el cuento de Perrault, destaca que su extraordinaria particularidad literaria está representada en su personaje principal, ducho en retórica y dotado de inteligencia superior. El gato del marqués de Carabás, de gato molinero, se convierte en gran Señor.
Quienes alguna vez hemos llevado una mascota al veterinario, comprobamos que este profesional será el único doblemente amado, al mismo tiempo por el perro o el gato que recobra su salud y por el amo que le expresa mucha gratitud porque con emoción le devolvió la alegría de sus días. Lo valioso en el Día del Veterinario será reconocerle que siempre propiciará una suma incalculable de amor y fidelidad.
Fotos: Pixabay
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