Cali, noviembre 8 de 2026. Actualizado: sábado, noviembre 7, 2026 10:49
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Jorge Andrés Ordóñez, después de unos meses de anunciarla, al fin lanzó su primera novela, el pasado viernes 15 de marzo, en la Biblioteca Departamental. Con “El cielo se hizo pardo”, el autor incursiona en la producción novelística, ya que como cuentista había sido invitado a antologías y también subió al podio de los finalistas del Festival Internacional de Poesía Inédita de Cali 2020. El nuevo novelista que narra en su obra literaria las vicisitudes de los ciudadanos afectados con la transformación urbanística de la ciudad, le reseñó al Diario Occidente su novela.
La literatura nos permite hacer diferentes miradas de la sociedad. Por eso mi obra literaria está inspirada por nuestra ciudad de Cali, territorio habitado por distintas maneras de sentir, pensar y vivir. Por eso Mario Mendoza dice que “en estos momentos no tenemos un rumbo fijo como sociedad”. Esto explica la polifonía que hay en mi novela. Aunque no escriban novelas, todas las personas son conscientes del monstruo que nos acecha. Lo más fácil sería esperar a que sucediera para comprenderlo mejor, pero eso aplazaría los talentos literarios. Con mi novela “El cielo se hizo pardo”, aunque parezca un híbrido, pretendo poner en vilo lo histórico, lo étnico y lo literario. Hago una propuesta literaria plural mediante personajes que piensan y hablan diferente. Mi narrativa invita a los lectores a que conozcan esos ámbitos propios de la ciudad, pero que yacen, escondidos ante la mirada de los transeúntes, que caminan sin curiosidad, pero amedrentados por el miedo. “El cielo se hizo pardo” es una novela de tipo realista, polifónica, disruptiva y diversa.
La zona del Calvario tiene mucha historia. Creo que le debemos muchas novelas exclusivas, o al menos, más reportajes que denuncien lo que ocurre en esta zona marginada. Creo que tenemos una deuda histórica con El Calvario. En mi novela apenas señalo lo que significa el proyecto “Ciudad Paraíso” para los habitantes de esta zona. ¿Qué pasará con ellos, cuando empiece su peregrinaje? ¿Serán bien recibidos por la ciudadanía? Recordemos que en el 2016 las noticias señalaron que Cali era la ciudad con mayor número de homicidios y se relacionó con la llamada “Limpieza Social”. ¿Qué pasaría con los genocidios, si nadie dijera nada? Puede sonar muy histérico o neurótico, quizá, pero en mi novela advierto sobre los escenarios y ese peregrinaje masivo. La idea de embellecer la ciudad no es suficiente si se va a atropellar al “otro”, a las personas que no tienen voz, ni voto, ni dinero, ni nada. El Calvario es un espacio que tenemos que discutir ampliamente, y no sólo entre personas que tienen, de alguna manera, poder, sino también con los mismos habitantes de la zona. Considero que se les deba dar la oportunidad de un techo, de acompañamiento psicológico, pero también habrá que brindarles herramientas para la vida, que les permita participar de las diferentes dinámicas sociales.
La novela también es una invitación a que le echemos lupa a varias zonas de la ciudad con características similares. Se amenaza la dignidad cuando se trazan objetivos poco humanos, cuando quedan muchos afectados con tales medidas.
Esa es una buena pregunta. Nací en un barrio popular y crecí con amigos en ambientes parecidos. La defensa de la vida es importante para mí. Las formas de investigación más pertinentes son caminar observando la realidad, charlar con la gente, escuchar lo mucho que tienen por contar. Desde que empecé a estudiar, caminé las zonas del Calvario, San Bosco, Santa Rosa, Fray Damián, Belalcázar, Sucre y llegaba hasta el barrio Obrero. Esas travesías me permitieron descubrir ese mundo. También caminaba con amigos que vivían por allí, y obtuve un conocimiento profundo sobre las dinámicas familiares y sociales. La novela también narra otras costumbres raras para el común, como por ejemplo, las tomas de yagé, consumo de hongos, del palerismo. No podía excluir las resistencias sociales de la primera línea. Caminados todos los lugares tuve que hacer una investigación más exhaustiva, observando videos documentales, leyendo y descifrando en libros de contenidos extraordinarios. Mi inmersión social queda expresada literariamente en mi novela.
Sí, el fantasma de José Eustasio Rivera influye en mi novela. Pero no siembra miedo, aparece radiante, audaz. Reconozco, además, otras influencias, por ejemplo, los testimonios de la “Comisión de la verdad”, que lo nutren con experiencias auténticas. Laura Restrepo con sus libros me enseñó a no tenerle miedo a esa hoja en blanco que nos invita a narrar la realidad. Mario Mendoza me enseñó a perder el miedo con la resistencia de la lectura. Pilar Quintana a no naufragar en medio de la niebla, de los abismos, del frío y del calor. García Márquez me acompaña, así como lo hizo con los personajes de “Cien años de soledad”. Zapata Olivella me invita a vivir en medio de su muntú. En fin, soy una mezcla de influencias. Hay muchos fantasmas que me amparan, estando presentes cuando escribo.
Ya quisiera que me alcanzara la vida para rendirles mil homenajes a los compañeros mártires del estallido. Soy sincero con mi novela. Cada muerte me dolió mucho. El estallido social tuvo repercusiones importantes en la política y la sociedad. Generó conciencia política, simultáneamente en la izquierda y en la derecha. Creo que motivó a reivindicar la democracia. Por eso, las vidas humanas perdidas, deberán recordarse, cada vez que se hable de este episodio de la historia.
La idea del libro inició desde enero del 2023, cuando decidí apostarle a un proyecto ambicioso. En el camino me encontré con el poeta peruano Luis Enrique Amaya, quien me enseñó a nadar en el mundo literario y valorar mis brazos para mantenerme a flote. Él me acompañó hasta lograrlo, y puedo decir que gracias a su empujón, “El cielo se hizo pardo” tomó cuerpo. También encontré gente muy linda: Luz Karime Cerón, una mujer con ojo agudo, curadora y crítica; Maria Sofía Sepúlveda, correctora de estilo; Betsimar Sepúlveda, poeta venezolana que me regaló una reseña sincera; Johana Delgado Araújo, artista plástica que ilustró tres capítulos; Johansen Cuaspud, artista de ciudad, que me regaló sus dibujos y bocetos para ilustrar el libro; Johans Orozco, quien hizo mi foto del libro; Luis Enrique Amaya, quien escribe el prólogo; por último, agradezco a las personas que posibilitaron su publicación adquiriéndolo en preventa. Agradecería tertuliar con todos mis lectores en Facebook: @jorgeandresescritor. Instagram:@jorgeandresoo. Whats App: 3241845321
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