Cali, noviembre 3 de 2026. Actualizado: martes, noviembre 3, 2026 14:50

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¿Cuánto conoce realmente de usted?

Su celular sabe a qué hora se duerme, dónde compra y qué le gusta

Cada búsqueda, desplazamiento y clic deja pequeñas pistas sobre nuestra vida.

La tecnología puede utilizarlas para construir un perfil de nuestros hábitos, intereses y comportamientos, incluso cuando creemos que no estamos compartiendo información personal.

Hay algo inquietante en abrir el celular y encontrar un anuncio sobre un producto que acabamos de mencionar, descubrir que una aplicación conoce nuestros lugares favoritos o recibir recomendaciones de videos que parecen coincidir exactamente con nuestro estado de ánimo.

La sensación es que el teléfono nos conoce demasiado bien y, aunque no necesariamente nos esté escuchando, la realidad es que puede aprender mucho de nosotros sin necesidad de hacerlo.

Cada vez que utilizamos una red social, consultamos una dirección, buscamos información en internet o realizamos una compra, dejamos señales digitales que pueden ser recopiladas y analizadas.

Por separado parecen insignificantes, pero cuando se combinan permiten identificar patrones de comportamiento que revelan aspectos de nuestra vida cotidiana.

El retrato invisible que construye la tecnología

Imagine que una persona consulta todos los días una aplicación de mapas a las siete de la mañana, permanece varias horas en un mismo lugar y regresa por la tarde a otra ubicación.

Con suficientes registros, un sistema podría inferir dónde trabaja y dónde vive, aunque nunca haya escrito esas direcciones en su perfil.

Algo similar sucede con las compras, las búsquedas y los contenidos que consumimos.

Una persona que comienza a investigar sobre cunas, ropa para bebés y alimentación durante el embarazo podría ser clasificada por sistemas publicitarios dentro de determinados grupos de interés, incluso antes de compartir públicamente que espera un hijo.

La tecnología no necesita conocer todos nuestros secretos para anticipar algunas de nuestras decisiones. Le basta con encontrar similitudes entre nuestro comportamiento y el de miles o millones de usuarios.

¿El celular realmente nos escucha?

Una de las sospechas más frecuentes es que los teléfonos activan sus micrófonos para escuchar conversaciones y después mostrar publicidad relacionada con ellas.

Aunque existen aplicaciones que pueden acceder al micrófono cuando cuentan con los permisos correspondientes, no hay evidencia generalizada de que las principales plataformas publicitarias necesiten escuchar permanentemente nuestras conversaciones para personalizar anuncios.

La explicación suele ser menos misteriosa, pero igualmente sorprendente: las empresas pueden utilizar búsquedas anteriores, visitas a páginas, actividad dentro de aplicaciones, ubicaciones aproximadas e información compartida por anunciantes para identificar intereses.

Además, cuando vemos un anuncio relacionado con algo que acabamos de comentar, tendemos a recordarlo más que los cientos de anuncios que no coinciden con nuestras conversaciones.

Cuando los algoritmos parecen conocer nuestras emociones

Las redes sociales también pueden interpretar señales de interés a partir de nuestro comportamiento.

No es lo mismo pasar dos segundos frente a un video que verlo completo, repetirlo, compartirlo o detenerse a leer sus comentarios.

Esas pequeñas acciones ayudan a los sistemas de recomendación a decidir qué contenido mostrar después.

Si una persona comienza a consumir publicaciones sobre rupturas sentimentales, problemas económicos o ansiedad, el algoritmo podría recomendarle más contenido relacionado, no porque conozca necesariamente su situación emocional, sino porque detecta un patrón de interacción.

El problema aparece cuando estas recomendaciones terminan reforzando preocupaciones, creencias o estados de ánimo y reduciendo la diversidad de contenidos que recibimos.

¿Podemos recuperar parte de nuestra privacidad?

Aunque resulta difícil desaparecer completamente del ecosistema digital, sí existen medidas para limitar la cantidad de información que compartimos.

Revisar los permisos de las aplicaciones es un primer paso. No todas necesitan acceder permanentemente a la ubicación, los contactos, la cámara o el micrófono para funcionar.

También conviene desactivar la personalización de anuncios cuando sea posible, revisar los controles de actividad de las cuentas digitales, eliminar aplicaciones que ya no utilizamos y evitar entregar información personal innecesaria a servicios desconocidos.

Otra recomendación es prestar atención a las autorizaciones que aceptamos automáticamente.

Muchas veces concedemos permisos sin detenernos a pensar qué información estamos entregando y durante cuánto tiempo podrá conservarse.

El verdadero precio de lo gratuito

Durante años nos acostumbramos a utilizar aplicaciones, buscadores y plataformas sin pagar directamente por sus servicios.

Sin embargo, parte de ese ecosistema funciona mediante modelos publicitarios que utilizan datos e inferencias sobre los usuarios para vender anuncios segmentados.

Esto no significa que todas las aplicaciones comercialicen nuestra información de la misma manera ni que cualquier empresa pueda acceder libremente a nuestros datos personales.

Las prácticas varían según el servicio, sus políticas y la legislación aplicable.

La pregunta de fondo ya no es solamente qué sabe nuestro celular sobre nosotros, sino cuánto control tenemos sobre la información que dejamos cada día.

Porque mientras creemos que simplemente estamos viendo videos, buscando una dirección o revisando una fotografía, también podemos estar contribuyendo a construir un retrato digital de nuestros hábitos.

Y quizás lo más sorprendente sea que ese retrato puede llegar a anticipar algunas de nuestras preferencias antes de que nosotros mismos seamos plenamente conscientes de ellas.


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