Cali, septiembre 2 de 2026. Actualizado: martes, septiembre 1, 2026 20:58
En la constante búsqueda de respuestas sobre el aumento de peso, la ciencia ha puesto su mirada en un factor aparentemente insospechado: el sueño.
Investigaciones recientes sugieren que la falta de sueño o la mala calidad del mismo podrían estar vinculadas al aumento de peso y a la dificultad para perderlo.
Numerosos estudios han demostrado que la falta de sueño está asociada con cambios en los niveles de hormonas clave que regulan el hambre y la saciedad.
La leptina, una hormona que suprime el apetito, disminuye cuando no se duerme lo suficiente, mientras que los niveles de grelina, la hormona del hambre, aumentan.
Esta desregulación hormonal puede llevar a un aumento en la ingesta de alimentos, especialmente de aquellos ricos en calorías y carbohidratos.
El Dr. Roberto Sánchez, experto en medicina del sueño, explica: “La falta de sueño no solo afecta a nuestro estado de ánimo y rendimiento cognitivo, sino que también puede tener un impacto significativo en nuestro apetito y elecciones alimenticias”.
Según sus investigaciones, las personas que duermen menos tienden a buscar alimentos reconfortantes y con alto contenido calórico para compensar la fatiga y la falta de energía.
Además, la relación entre el sueño y el peso no se limita solo a las hormonas. La falta de descanso adecuado también puede afectar la forma en que el cuerpo procesa y almacena la glucosa, lo que potencialmente contribuye al desarrollo de resistencia a la insulina y, en última instancia, a la obesidad.
Investigaciones recientes han revelado que la privación crónica de sueño puede conducir a cambios en la sensibilidad a la insulina, promoviendo el almacenamiento de grasa.
Un estudio longitudinal realizado en una muestra diversa de participantes respalda estas afirmaciones. Durante un período de seis meses, aquellos que informaron un sueño insuficiente experimentaron un aumento significativo en el índice de masa corporal (IMC) en comparación con aquellos que lograron un sueño más reparador.
Este hallazgo sugiere que la falta de sueño no solo está asociada con el peso actual, sino que también puede influir en el aumento de peso a lo largo del tiempo.
Otro aspecto a considerar es el impacto del sueño en las elecciones alimenticias y los patrones de actividad física.
Las personas que sufren de privación de sueño a menudo experimentan una disminución en la motivación para el ejercicio y una mayor propensión a elegir alimentos poco saludables.
Esto crea un círculo vicioso, ya que la falta de actividad física y una dieta desequilibrada son factores conocidos que contribuyen al aumento de peso.
La relación entre el sueño y el aumento de peso es compleja y multifacética. Los cambios hormonales, la alteración en el procesamiento de la glucosa y la influencia en los comportamientos alimenticios y de ejercicio son todos factores que pueden contribuir a este fenómeno.
Reconocer la importancia de una buena higiene del sueño y abordar las preocupaciones relacionadas con el insomnio y la mala calidad del sueño podría ser un paso crucial para combatir la creciente epidemia de obesidad en la sociedad actual.
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