Cali, enero 13 de 2026. Actualizado: martes, enero 13, 2026 16:41
En el marco del Día Mundial de la Depresión, la comunidad internacional pone el foco en una preocupante intersección señalada recientemente por la Organización Mundial de la Salud (OMS): el vínculo indisoluble entre el trastorno depresivo y la “epidemia de soledad”.
Tras la última alerta del organismo, que cataloga la soledad como un problema de salud pública de impacto comparable al tabaquismo, expertos advierten que el aislamiento social es hoy uno de los principales catalizadores de cuadros depresivos a nivel global.
La relación entre ambos fenómenos es cíclica. Mientras que la depresión a menudo empuja al individuo al aislamiento por falta de energía o sentimientos de desvalorización, la soledad crónica altera la química cerebral, elevando los niveles de cortisol y reduciendo la respuesta inmunológica, lo que facilita la aparición de síntomas depresivos.
Este fenómeno se ha intensificado en algunos casos debido a la hiperconectividad digital, que paradójicamente ha sustituido los vínculos profundos por interacciones superficiales, y a un ritmo de vida urbano que prioriza la productividad sobre el tiempo de calidad comunitario.
“La soledad no es simplemente estar sin compañía; es la brecha dolorosa entre la conexión que necesitamos y la que realmente percibimos. Aprender a habitar nuestra propia presencia es el primer paso para evitar que la soledad se transforme en una patología de vacío,” afirma la Psicóloga Erika Rojas, de ebullicion.com.
Para combatir este fenómeno, es vital trabajar tanto en la relación con uno mismo como en la apertura hacia los demás:
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