Cali, octubre 7 de 2022. Actualizado: jueves, octubre 6, 2022 23:33

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De comida salusable y comida chatarra

Debates de cultura saludable

En materia de cultura alimentaria, sí se puede afirmar que, en asuntos de nutrición, “todo tiempo pasado fue mejor”.

Cuál adulto no recuerda con gratitud el esmero de su madre que lo aprovisionaba de su lonchera con frutas, proteínas, leche y huevo.

Les preocupaba alimentarnos saludablemente y quemábamos energías jugando, corriendo y sudando todo el día.

Pero hoy, en estos tiempos del cólera pasivo por la adicción a las redes, desmejora la alimentación y aumenta la obesidad. La publicidad hace que la comida chatarra le gane la carrera a la alimentación natural.

Esos inventos industriales que suplen la alimentación natural, tienen altos contenidos calóricos y bajos porcentajes nutricionales.

Si hoy las estadísticas alarman sobre la obesidad y la diabetes entre los adultos que otrora fueron bien alimentados, entonces, ¿qué será de las cifras cuando ya envejezca la población infantil? La nefasta costumbre está tan afianzada que cuando el ministro de Hacienda José Antonio Ocampo propone un impuesto saludable que grave las gaseosas y los alimentos azucarados procesados, la medida se toma como una afrenta contra las familias pobres diciendo que los estratos bajos serían los afectados porque cargarían con el tributo pagándolo a través de los precios.

Ambiente y alimentación

Los compromisos medioambientales también necesitan pactos hacia la calidad y la seguridad alimentarias. No basta que se hable de retos agropecuarios sostenibles, si se ignora la repercusión de la comida chatarra que está relevando a los alimentos naturales.

Las estrategias para detener los cambios climáticos que ponen en peligro el planeta, también requieren de acciones por la calidad alimentaria. Acciones contra la comida chatarra que atenta contra la salud.

Parodiando el título del filme “Durmiendo con el enemigo” (1991), historia de una pareja que peligra por su psiquis enfermiza; podríamos decir “Alimentándonos con el enemigo”, porque con nuestro consentimiento “la comida chatarra” se siente invitada a nuestra mesa.

Hambre y glotonería

Acorde a la Constitución Política, la alimentación es un derecho fundamental que el Estado deberá promover. El Gobierno deberá garantizar el consumo de una alimentación tradicional, sana y que contribuya con el gozo colectivo de una buena salud.

No puede declinar su acción ante el impacto de la publicidad de las gaseosas y de las industrias nacionales y transnacionales productoras de comida chatarra.

Dar comida chatarra a los niños, por ejemplo, cajitas con comida rápida procesada, papas fritas, chitos, caramelos, bombones, chocolatinas, helados y bebidas artificiales azucaradas, que desde las vitrinas los estimula, es como llevarlos al museo Parque Jurásico (1993) donde los dinosaurios después de seducirlos los atacan.

Dispensar comida chatarra azucarada equivale a propiciar enfermedades que a mediano o largo plazo lleva a un mortal dulce final.

Nutridos u obesos

Jairo Puente Brugés, químico investigador de alimentos, en el ensayo “Venenos en el Hogar” (Universidad Santo Tomás 2006), dice: “Unos se mueren de hambre, otros, por comer demasiado.

El déficit de nutrientes que padecen millones en el mundo es un factor asociado a numerosas enfermedades. Estas personas son, de la misma manera, más vulnerables frente a la acción de agentes químicos o biológicos.

Son igualmente sensibles los que padecen de obesidad.

Las deficiencias de vitaminas y minerales, creadas por el mismo sistema que estimula el consumo de comida chatarra, son responsables de enfermedades y muertes, entre los habituales consumidores, que deben recurrir a más fármacos, que les inducen efectos secundarios que requieren de otros medicamentos”.

Cuchara y salud

En la reglamentación de la ley contra la comida chatarra, del 31 de julio de 2021 y, al debatir la reforma tributaria que grava los productos azucarados, medirán pulso los ponentes y los intereses particulares de los productores e importadores de alimentos procesados.

Apenas fue anunciado el proyecto de ley tributaria inmediatamente reaccionaron los gremios, argumentando que gravar la comida chatarra sería causa de inflación en la medida que los tenderos de barrio pierden el público infantil consumidor.

Así mismo, se confrontarán los efectos de la publicidad de las transnacionales y la voluntad popular de los padres de familia de volver al legado ancestral de los mayores y las mayoras.

Será exitosa la buena intención del ministro de Hacienda José Antonio Ocampo y su política tributaria saludable que busca contrarrestar el consumo de la comida chatarra, pero si renace una conciencia colectiva sobre la responsabilidad nutricional, del Estado, los padres y los maestros.

¿Pandemias futuras?

La función interventora del Estado no debe ejercitarse sólo exigiendo y verificando que los empaques de las comidas chatarra informen explícitamente y con veracidad sobre los componentes químicos de los contenidos artificiales.

Aunque nuestra legislación colombiana es normativa y taxativa, ocurre que la costumbre sigue siendo una de las fuentes sociales del derecho.

Por eso, el Estado deberá anteponer que la salud colectiva siempre priorice sobre los intereses económicos industriales, es decir, al interés particular hay que hacerlo ceder ante el bien común.

Serían vergonzosas las demás campañas estatales y de la Organización Mundial de la Salud contra cualquier pandemia, si a la par el Estado sigue indiferente ante las causales del cáncer, la obesidad y la diabetes.

Estas enfermedades cuyas causas se alimentan con la glotonería, podrían hacer que en el próximo medio siglo las nuevas pandemias que diezmen la población sean provocadas por la comida chatarra que convertiría la diabetes en la nueva peste que desgaste los servicios de salud pública y que harían colapsar los hospitales.

El gobierno de Gustavo Petro tiene claro que redistribuyendo las tierras improductivas puede generar más trabajo en el agro, proteger el medio ambiente, acabar los cultivos ilícitos, propiciar la paz en el campo, ampliar las fronteras de nuestra despensa y garantizar la seguridad alimentaria de los colombianos.

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Foto: Pixabay

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