Cali, septiembre 18 de 2020. Actualizado:

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Cultura musical y religión popular

Salsa para oír, bailar y leer

LUIS ÁNGEL MUÑOZ ZUÚÑIGA
ESPECIAL DIARIO OCCIDENTE

Su ubicación cercana al puerto de Buenaventura permitió que Santiago de Cali naciera como Sultana del Valle, creciera como la “Sucursal del cielo” y adquiriera su ciudadanía como la “Capital mundial de la salsa”. En 1867, Jorge Isaacs con su novela “María”, develó al mundo ésta paradisiaca tierra. Él también participó en la construcción de la vía al mar con la misión de abrir caminos para que los seducidos por sus páginas románticas inmigraran a Cali. El niño Petronio Álvarez, tarareaba sus primeros versos vendiendo empanadas a porteños y visitantes, mientras con su curiosidad veía que entre la mercancía de los conteiner traían acetatos de música cubana y puertorriqueña, que después oía sonar en las casetas buenaverenses.

Que viva la música

Décadas más tarde, cuando ya era maquinista del ferrocarril, Petronio vio que en conteiner trajeron acetatos con grabaciones de pachangas, el Gran Combo, La Sonora Ponceña, Richie Ray y demás gigantes de la naciente salsa. Y ya jubilado el compositor de “Mi Buenaventura”, se radicó en la “sucursal del cielo” y se percató del fenómeno cíclico que les permitió a los medios de comunicación darle a Santiago de Cali su merecido título universal. A la par que aparecían bailarines como Walter Rivas Watussi, Amparo Arrebato Ramos, Jimmy Bugaloo y Evelio Carabalí; Richie Ray inmortalizó a Cali con varias letras a la ciudad. Eso inspiró a Andrés Caicedo a narrar en “Que viva la música” el furor por la salsa de esa juventud de los años 70.

Escuchar, bailar y leer

Grilles al frente de Bavaria y, otros bailaderos sobre la calle Quinta, confirmaron que en la “Ciudad deportiva de América” los muchachos azotaban la baldosa. Surgen las orquestas criollas de Piper Pimienta Díaz y La Gran Banda Caleña. Edgar Hernán Arce, Benhur Lozada y Fabio Alberto Restrepo, difundieron la salsa en programas de radio. Los sociólogos en ensayos la siguen desde Nueva York y Puerto Rico, hasta su llegada a Cali: “Salsa” (Miguel Cesar Rondón), ”La Salsa en Cali” y “Salsa en discusión” (Alejandro Ulloa), “Música del Caribe” (José Arteaga), “Música tropical y salsa” (coautores de Discos Fuentes), “Mi salsa tiene sandunga y otros ingredientes” (Sergio Santana), “La verdadera historia de la salsa” (Medardo Arias), entre otros.

Este proceso se solidificó aún más en las ferias de Cali con: la declaratoria de la novena como “Calle de la salsa”, los encuentros de viejotecas en el velódromo Alcides Nieto Patiño, los encuentros de melómanos y coleccionistas en las canchas Panamericanas y las audiciones mensuales en el parque de Jovita. Con la construcción de la plazoleta Jairo Varela y el museo de la salsa en homenaje al creador del Grupo Niche y autor de “Cali pachanguero”. La semilla importada en los acetatos, germinó en: Cañandonga, El escondite, La jirafa, Honka Monka, Séptimo cielo, Village Game y El maizalito, este último, en el barrio Popular, entre otros. La salsa echó raíces en Cali y hoy tenemos casi un centenar de escuelas profesionales.

Templo mundial

Santiago de Cali tiene una cultura popular dinámica que la convirtió en el templo mundial de la salsa. Además tiene sus libros sagrados, de los evangelistas: Ulloa, Arias, Arteaga, Santana, etc. Celebramos el Festival Mundial de Salsa, que congrega en esta meca a creyentes salseros de todas partes del mundo. Aquí hay salsa para escuchar, salsa para bailar y salsa para leer. Falta que las sagradas escrituras sean difundidas desde los mismos programas oficiales de la educación pública. La Secretaría de Educación debe incluir la salsa para leer al dotar de bibliotecas escolares y recomendarla en los planes lectores de las instituciones educativas, porque la enseñanza no puede ser ajena a las realidades de sus entornos.

Alejandro Ulloa, evangelista mayor

Desde hace tres décadas “La Salsa en Cali”.1992, Ediciones Universidad del Valle, libro del profesor Alejandro Ulloa, se considera La Biblia de los melómanos. Narra la génesis del fenómeno cultural, el éxodo hacia esta tierra prometida con el proceso de urbanización y cómo destellan los primeros bailarines que prenden la rumba en Santiago de Cali. Ulloa consideró que hacía falta un Nuevo Testamento y publicó “La salsa en discusión”, que lanzó en el encuentro de melómanos y coleccionistas del 2008. En estas páginas analiza las imágenes latinas, su influencia de las nuevas tendencias musicales y en las identidades del fenómeno salsero. Ulloa en el epílogo consignó: “Salseramente, el que escribe. Ahora los músicos tienen la palabra”.

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