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Hoy no fío, mañana sí

26 de agosto, día del tendero en Colombia

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

Se señala a la revolución industrial como el eje para el desarrollo del capitalismo. Al artesanado como el germen del comercio que dio al traste con el feudalismo. A las revoluciones políticas como las causas sociales del cambio histórico del medioevo al modernismo. Pero poco se habla del papel social de la tienda, siendo que sin ella hubiesen sido imposibles todos los anteriores fenómenos históricos. El capitalismo creció porque sus nuevos productos industriales tuvieron como vitrina a las tiendas. Así mismo, para los artesanos que laboraban en sus talleres y que habitaron las incipientes ciudades, las tiendas fueron esas despensas que les dio tranquilidad para dedicarse a la manufactura.

La tienda en la historia

Si revisamos la historia colombiana encontraremos que la revolución comunera de 1781, se gestó en las chicherías, primeras tiendas autorizadas en el Virreinato, porque allí se animarían las huestes para levantarse contra los nuevos impuestos de la Corona y emprender la marcha a tomarse a Santa fe de Bogotá. Los criollos que planearon la sublevación del 20 de julio de 1810, acertaron cuando escogieron la tienda del señor Llorente como escenario estratégico para encender la llama de la independencia. Y en el siglo XX, los procesos demográficos del tránsito de país rural a urbano, contaron con las tiendas de barrio que suministrarían productos agrícolas para la mesa, conjuntamente con la modernización del consumo industrial.

Iconografía

Las tiendas aparecieron con su propia iconografía y su mobiliario: una estantería a la mano donde se acomodaron los productos, un mostrador para atender la clientela, vitrinas de exhibición, una pesa de mesa, una registradora, el libro gordo para anotar las cuentas a fiado, el mesón con ganchos garabatos para colgar la carne, una báscula colgante, unos cajones al piso para el revuelto, y en la pared, el ícono del tendero flaco, roto y arruinado, que pregonaba: “Yo vendí al fiado”; junto al tendero rosagante, alegre, bien vestido y boyante, que pregonaba: “Yo vendí al contado”. Y para el cliente que no entendiera el mensaje, junto estaba colocado un aviso más directo y contundente: “Hoy no fío, mañana sí”. De acuerdo a lo ofrecido, pueden ser: tiendas, graneros, tiendas mixtas, o misceláneas.

Papel económico

Las tiendas son los puntos de intermediación en el ciclo de la producción. Carlos Marx escribió sobre el trabajo humano, las fuerzas productivas, la propiedad sobre los medios de producción, el tiempo socialmente necesario, la producción y la distribución. Pero olvidó la función social de la tienda. La fábrica le vende al por mayor su producción a los comerciantes mayoristas y estos surten a los tenderos. La diferencia entre los mayoristas y los tenderos, es que los primeros aseguran el pago de la venta, mientras los tenderos se arriesgan al fiar confiando en la buena fe de sus clientes. Hubo muchos tenderos que a pesar de exhibir el cuadro con las fotos de sus émulos, uno arruinado y el otro boyante, a pesar del aviso de “hoy no fío, mañana sí”, corrieron su peor suerte al no obedecer su propia advertencia.

Líder social

Desde que se fundaron los barrios los tenderos fueron las personas más estimadas por sus vecinos, pues desde el comienzo su función social fue vital. La peor frustración de un vecino es hallar la tienda cerrada a la hora que el tendero disfruta de su siesta. El tendero es una especie de líder comunitario, tanto que si llega a postular su candidatura a la junta de acción comunal o a la junta administradora local, no encontrará contendor a su altura. Cuando algún forastero pasa por un barrio buscando alguna información sobre ventas, arrendamientos o dirección de familias, la persona más indicada para orientarlo es precisamente el tendero. Así mismo, después del cura párroco que se entera en el confesionario, el tendero con su malicia y ojo de águila sabe cuáles son las personas infieles del barrio.

En la literatura y el cine

Algunos escritores homenajean la tienda en sus obras literarias. “Aureliano fue esa noche a la tienda de Catarino. Encontró a Francisco el Hombre, como un camaleón monolítico, sentado en medio de un círculo de curiosos. Cantaba las noticias con su vieja voz descordada, acompañándose con el mismo acordeón arcaico que le regaló Sir Walter Releigh en la Guayana.” (Cien años de soledad. Gabriel García Márquez). Antonio Skármeta, en su novela “Ardiente paciencia” (1985), narra la historia de Mario Jiménez, el cartero de Pablo Neruda, quien se convierte en poeta inspirado en el amor que siente por la muchacha (María Grazia), quien despacha en la tienda, asesorado con el estilo del Premio Nobel chileno. “El cartero de Neruda” (1994), filme dirigido por Massimo Troisi y Michael Radford, está ambientado en una tienda.

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