Por más que en el Partido de la U traten de justificar el hecho de haberse quedado sin precandidatos presidenciales, que ninguno de sus militantes tenga opciones reales de pelear la Presidencia de la República es un estruendoso fracaso.
En la historia reciente del país el partido del presidente de turno siempre había jugado con opción en las siguientes elecciones, pues dentro del gabinete ministerial o de la bancada oficialista del Congreso surgía un ungido por el gobernante para defender su legado, pero el desprestigio del presidente Juan Manuel Santos es tal que ninguno de sus ministros y ninguno de sus escuderos en el legislativo pudo surgir como precandidato.
Hasta un presidente tan desprestigiado como Ernesto Samper estuvo a punto -en 1998- de lograr que su candidato lo reemplazara en la Presidencia. Horacio Serpa le ganó en la primera vuelta a Andrés Pastrana, quien finalmente venció en la segunda.
Simplemente el desprestigio de Santos cubrió a todos aquellos de sus amigos que pudieron haber despuntado… y si algunos de los precandidatos que quedan vivos electoralmente -como Humberto De la Calle- es identificado en algún momento como el candidato del Presidente, corre el riesgo de que la mayoría de la opinión se vuelva en su contra.
Por eso los análisis que apuntan al final del Partido de la U no son descabellados…
Si la colectividad se mantiene unida de verdad, puede sobrevivir, pero esto es poco probable. Al menos media bancada está en diálogos con el expresidente Álvaro Uribe, pidiendo pista en el Centro Democrático, y otro número importante de congresistas se habla con el exvicepresidente Germán Vargas Lleras.
Una buena fuente aseguró a Graffiti que algunos congresistas, alcaldes y gobernadores de la U tienen un pie donde Uribe y otro donde Vargas Lleras.
Los legisladores del Partido de la U, los senadores, especialmente, no tienen problema para reelegirse, están fortalecidos tras casi 16 años a la sombra de los presidentes de turno -Uribe y Santos-, y los reacomodos que se están haciendo en el equipo de Gobierno apuntan a eso, a darles un “buen trato” para que se queden en la colectividad.
El problema para ellos vendrá en las elecciones presidenciales y después, si se quedan sin presidente, pues no están acostumbrados a vivir sin burocracia.
Si el Partido de la U sobrevive al efecto Santos, podría terminar convertido en lo que es el Partido Conservador, una colectividad que respalda al presidente que sea con tal de no quedarse por fuera de la repartición de la torta.
El presidente Santos está haciendo grandes esfuerzos por mantener unido el Partido de la U, tal vez con la esperanza de que los congresistas sean leales a su legado y defiendan el acuerdo con las Farc, pero que no olvide que esos mismos políticos que hoy todavía lo defienden, ocho años atrás defendían a Uribe a capa y espada…
Por eso hay que esperar al 12 de marzo, un día después de las elecciones legislativas, a ver cuántos congresistas de la U siguen siendo leales a Santos.
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