Los partidos políticos, en su peor momento

Por Mauricio Ríos Giraldo

Los partidos políticos colombianos están tan devaluados como el bolívar, la otrora fuerte moneda venezolana, que vale menos que nada gracias a 23 años de chavismo. De la misma manera, los años y años de falsas promesas, expectativas incumplidas y corrupción tienen a las colectividades de Colombia en su peor momento histórico, algo que, a decir verdad, tienen merecido.

Entre las muchas encuestas publicadas en la última semana hay un dato contundente que muestra el mal momento de los partidos:

El 78.1% de los encuestados por Invamer tiene una imagen desfavorable de las colectividades, y sólo el 12.3% las ve favorablemente.

Y el Congreso de la República, que, en últimas, es la representación de todos los partidos políticos juntos, tiene unos niveles de aprobación y desaprobación muy similares: el 73.6% de los encuestados tiene una imagen desfavorable y sólo en concepto del 16.1% es favorable.

Con esos datos sobre la mesa, no es difícil concluir que el escenario está servido para las candidaturas -no sólo en el escenario presidencial, sino también en el caso de las elecciones legislativas de 2022 e incluso para las elecciones locales de 2023- para que prosperen proyectos que representen la antítesis de la desacreditada clase política.

Aunque la encuesta no midió la aprobación individual de los partidos, es claro que el descrédito alcanza hasta colectividades alternativas, como la ASI o la Alianza Verde, pues se llenaron de políticos tradicionales o de nuevos políticos con las mismas mañas de los viejos.

La gran pregunta es quién o quiénes estarán dispuestos a liderar esta causa, pues, si bien hay ambiente para candidaturas frescas, la cosa no es tan fácil como se lee; ya sea en lo nacional, lo regional o lo local, hay que enfrentar verdaderas máquinas electorales, con poder y muchos recursos.

Esa ausencia de figuras frescas dispuestas a meterse al lodazal de la política juega a favor de los partidos, pues son muy pocos los que se animan a gastar sus fuerzas, su tiempo y sus recursos en un proyecto electoral incierto.

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