Va a ser difícil -pero muy difícil- que los candidatos del centro lleguen unificados a la primera vuelta, y esa dispersión juega en su contra.
El rifirrafe entre los precandidatos Sergio Fajardo y Alejandro Gaviria así lo indica, y representa una amenaza para quienes tratan de poner de acuerdo a todos los sectores del centro en una sola consulta.
Fajardo y Gaviria se disputan el mismo nicho y mientras los dos lleguen al momento electoral, atomizarán la votación del electorado que no se identifica con los extremos del espectro ideológico, que serán los grandes beneficiados con la división del centro.
A la dispersión se suma que, aunque todavía tienen tiempo para lograrlo, los precandidatos de centro -todos, sin excepción- no han logrado emocionar a los colombianos, como lo hicieron en su momento Antanas Mockus, en 2014, y el mismo Sergio Fajardo, en 2018…
Sergio Fajardo se ha desinflado y está muy emproblemado; Alejandro Gaviria, pese a toda la expectativa que se generó en torno a su candidatura, no irrumpió con la fuerza esperada, y Juan Manuel Galán aún no logra emocionar más allá de quienes añoran a su padre…
Además, para infortunio de la Coalición de la esperanza, los demás precandidatos tienen muy poco impacto electoral, Jorge Enrique Robledo, Juan Fernando Cristo y Humberto de la Calle, pese a sus perfiles, no se notan en la campaña.
Si no hay unidad -y esto implica que Alejandro Gaviria entre a la Coalición de la esperanza-, las posibilidades de que un representante del centro clasifique a la segunda vuelta son mínimas, pues en la izquierda hay prácticamente consenso entorno a Gustavo Petro, y la derecha y la centro derecha, así en este momento haya un reguero de candidatos, tarde o temprano se unirán por simple instinto de supervivencia o lo que llaman pragmatismo…
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