Que ninguno de los 23 precandidatos presidenciales incluidos en la más reciente encuesta de intención de voto se acerque siquiera al 20% confirma la imperiosa necesidad de alianzas para clasificar a la segunda vuelta.
El candidato que -por decisión o por imposibilidad para hacer acuerdos- tome la decisión de llegar solo hasta el 27 de mayo, se autocondenará a quemarse.
Ni siquiera quien sea el candidato del Centro Democrático, partido que todos los analistas coinciden sería el único con cupo en la segunda vuelta, tiene asegurado este espacio si no se une con otros.
Esta dispersión de la intención de voto no se había visto nunca, y eso que las encuestadoras -¿por razones técnicas?- no incluyen en sus mediciones a todos los precandidatos, si lo hicieran -que sería lo ideal- la atomización sería mayor.
Por eso hacer predicciones electorales a estas alturas, más que arriesgado, resulta irresponsable.
Lo peor es que ahora son más los precandidatos independientes que los precandidatos que buscan el aval de un partido -ayer Marta Lucía ramírez anunció que va por firmas-, lo que alargará la incertidumbre, pues tanto los que tengan alguna opción, como los que no la tienen, esperarán hasta último momento para definir si continúan o adhieren a otro; los primeros, pensando en la posibilidad de sumar respaldos para seguir adelante, y los segundos buscando cotizarse, hacerse desear, para negociar su adhesión en mejores condiciones.
Gustavo Petro, por ejemplo, que encabeza la mayoría de las encuestas, más que ganador, debería sentirse preocupado, pues con apenas un 11,2% de intención de voto -según el estudio hecho por Opinómetro para El Tiempo y la W, publicado ayer- puede ser desbancado fácilmente por cualquier otro, pues -aunque parezca una conclución obvia- hoy cualquiera podría ser presidente.
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