La crónica de Gardeazábal

Los obispos gringos resultaron republicanos

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Cuando fueron a elegir a Kennedy presidente en 1960 lo importante para muchísimos norteamericanos era el peligro de tener en la Casa Blanca a un católico. Ni que decir lo valioso y emotivo que significó en Colombia donde todavía la voz de los obispos era mando.

Han pasado 60 años . La elección del católico practicante Joe Biden apenas si la percibieron quienes detallaron en su discurso de posesión que mencionó una frase de San Agustín y dijo que era uno de los padres de su iglesia. En el Vaticano el papa peronista no se mosqueó ni mencionó en su show dominical que se sentía orgulloso de tener un católico de nuevo en la Casa Blanca. Y en Colombia pocos nos dimos cuenta de las diferencias.

Solo por estos días ha vuelto a resurgir el tema y todo porque la Conferencia Episcopal Norteamericana anunció que llegó a un acuerdo entre los obispos para emitir una directriz sobyr el pensamiento y actitud de los católicos y el aborto, y amenaza, ( seguramente apoyados por el Francisco argentino), con castigar a los fieles de sus iglesias que defiendan esa postura, negándoles la comunión.

Como quien dice que al presidente Biden, quien en su programa de candidato y en su accionar y sus ideas como presidente ha apoyado el aborto y la libertad que tienen las mujeres de realizarlo, le van a negar la comunión.

El papa y toda la godarria vaticana se frotarán las manos. Creerán que al negarle la comunión a Biden, quien va a misa todos los domingos y en ella comulga, habrán recuperado el poder que perdieron en Estados Unidos y en el mundo por tolerar la mariconeria entre los curas y ocultar con pastorales o trucos criminales a los muchos cardenales, obispos y curas pillados en abusos sexuales a menores mientras eran estudiantes o seminaristas. Tamaña equivocación.

Quienes sufrimos en el pasado dentro de la familia lo que era una excomunión decretada por monseñor Builes y las consecuencias que ello generaba, creíamos que el rodaje de la vida había anulado tamaña posibilidad. Amenazar con ella al presidente de los Estados Unidos es hacer retroceder a la Iglesia 400 años, cuando el papa de Roma ponía y quitaba reyes, y autorizaba o negaba matrimonios y divorcios.

Pero ahora, cuando los que se persignan lo hacen con fe pero sin ideología, es una soberana equivocación que engrandecerá como mártir al chuchumeco de Biden, minimizará al papa peronista y demostrará que los obispos gringos son republicanos.

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