Cali, septiembre 23 de 2026. Actualizado: miércoles, septiembre 23, 2026 13:16
Lo que ve el común de los ciudadanos de los aspirantes presidenciales es la puesta en escena de lo que cada campaña quiere mostrar: el candidato bailando, el candidato en bicicleta, el candidato recorriendo el país, el candidato comiendo en una venta de esquina, etc. Se trata de imágenes, acciones y palabras que crean imágenes muy superficiales de quienes quieren regir los destinos de la Nación y que alejan la atención de los electores de donde debería concentrarse: las realizaciones y las propuestas.
De allí que sea tan necesario un debate de transmisión nacional en el que estén todos los candidatos presidenciales, para que los colombianos puedan contrastar sus posiciones frente a los principales temas del país y comparar sus propuestas.
Además, en tarima cada candidato habla de lo que le interesa y le conviene, mientras que en un debate bien hecho a cada uno se le pregunta por los asuntos trascendentales del país, por los tópicos que le interesan a la gente.
Lamentablemente el debate en esta campaña presidencial ha estado reducido al cruce de señalamientos, acusaciones e insultos entre los candidatos a través de las redes sociales, y, a menos de cinco semanas de las elecciones, parece que no será posible que los cinco candidatos presidenciales se sienten a debatir sus visiones del país en un mismo escenario.
El debate debería establecerse por ley, hacer parte del calendario electoral, con reglas claras y con transmisión nacional; así, además de entregarles a los ciudadanos elementos para comparar propuestas y escoger la que mejor les parezca, se libraría a los candidatos de la presión de ir a todos los debates que organizan el perro y el gato y que terminan desgastando la figura.
Una campaña sin debate es pobre e induce a un voto emocional, cuando lo que requiere Colombia es que sus ciudadanos voten a partir del razonamiento.
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