Cali, agosto 26 de 2026. Actualizado: miércoles, agosto 26, 2026 20:20
Todo gobierno, de la tendencia que sea y por buenas que sean sus intenciones, necesita oposición, pues la veeduría y el control son indispensables para evitar que la concentración de poder rompa el equilibrio democrático.
Este 20 de julio, durante la instalación del nuevo Congreso de la República, quedó claro que en torno al gobierno electo hay unas mayorías que rondan el 87% del Senado y la Cámara, lo que significa que la oposición no pesará, hablándolo en términos prácticos, a la hora de votar.
El esquema gobierno – oposición es fundamental en una democracia, pero, lamentablemente, es mal interpretado en nuestro país, pues hacer parte del oficialismo se entiende como la entrega absoluta de una bancada al gobernante de turno, mientras que la oposición se asume como el rechazo a todo lo que se proponga desde el oficialismo.
Lo sano y conveniente es que tanto los que están en un lado como en el otro tengan capacidad crítica e independencia frente al gobierno, para que las iniciativas que lleguen al Congreso puedan ser evaluadas en profundidad y valoradas a la luz de lo que le conviene la país, no de aquello que le conviene al presidente y sus aliados o a sus opositores.
En ese sentido, no es sano que se haya conformado una aplanadora en el Congreso en torno al nuevo gobierno, pues se corre el riesgo de que las reformas que se presentarán (tributaria, agraria, política, a la salud), que abordan temas estructurales para el país, sean aprobadas a pupitrazo, sin que se debata a profundidad su conveniencia.
Ojalá la reducida oposición que tendrá el gobierno entrante ejerza su papel desde la razón y la argumentación, para que sin apasionamientos pueda propiciar reflexiones ante la opinión pública.
Foto: Senado de la República
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