Cali, agosto 22 de 2026. Actualizado: viernes, agosto 21, 2026 21:25
Detrás de palabras como las del concejal de Santa Rosa hay un serio problema social.
La frase “las leyes son como las mujeres, para violarlas”, dicha por un concejal de Santa Rosa de Cabal, Risaralda, no puede verse como una simple equivocación del tristemente célebre político, pues este tipo de expresiones son manifestaciones de creencias y figuras arcaicas que nuestro país debe erradicar para evolucionar como sociedad.
Si bien este tipo de expresiones son graves y cuestionables sea cual sea el contexto en el que se den, son mucho más graves si quien las dice es alguien investido por un mandato popular y además lo hace en una corporación pública en medio de un debate, como este concejal santarrosano o como su colega bogotano que se refirió al desorden como una ” merienda de negros” o el diputado antioqueño que dijo que invertir en el Chocó es como “perfumar un bollo”.
Detrás de expresiones de machismo, de racismo y de xenofobia como éstas hay una carga cultural histórica muy fuerte, por eso repetirlas es malsano, pues su reiteración puede validarlas y reforzar imaginarios peligrosos.
En el caso en cuestión, además de la ofensa a las mujeres, la frase del concejal de Santa Rosa tiene otro agravante, pues en un país en el que el desconocimiento a la institucionalidad genera tantos problemas y el respeto por las autoridades es bajo, escuchar que alguien que debate y aprueba normas diga que las leyes son para violarlas, refuerza la cultura del atajo y del todo vale.
Pero este no puede ser un debate de forma, debe ser de fondo; en ese sentido, más que cuidar las palabras, lo que se necesita es un trabajo pedagógico enfocado en cambiar la mentalidad de una sociedad que sigue buscando argumentos para desconocer la igualdad.
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