Cali, octubre 23 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 23, 2026 19:56
Los promotores del proceso de paz no deben caer en el error de agredir a quienes piensan diferente.
Cada vez que el Gobierno Nacional y los promotores del proceso de paz con las Farc alcanzan un logro que los pone más cerca de la firma del acuerdo final hay una arremetida contra los críticos de las negociaciones, una especie de linchamiento a través de las redes sociales y de columnas de opinión en las que se les estigmatiza por no estar de acuerdo.
Luego de conocerse el fallo de la Corte Constitucional que aprobó el plebiscito como mecanismo para refrendar los acuerdos con las Farc se dio inicio a una agresiva campaña contra quienes han manifestado públicamente su voto por el “no”. Desde miembros del alto gobierno hasta connotados opinadores han tildado a los promotores del “no” como fascistas, rótulo que solo sirve para estimular odios y confrontaciones en un momento en el que se supone se están sentando las bases para superar la violencia política.
Resulta paradógico que quienes fungen como promotores de la paz con la guerrilla y llaman al país a la reconciliación tengan una posición tan agresiva con la oposición.
La paz no se logra imponiendo ideologías ni mucho menos obligando a callar a quienes piensan diferente, por el contrario, se logra respetando todas las visiones democráticas.
Si se decidió someter los acuerdos de paz al veredicto popular es porque así como está abierta la posibilidad de aprobar también existe la opción de reprobar, es un proceso democrático; en ese sentido, debe ser tan respetable la posición de quienes van por el “sí” como la de quienes van por el “no”, y el resultado final debe ser acatado como producto de voluntad ciudadana. La paz se desfigura cuando se vuelve un argumento para la agresión.
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