Cali, julio 25 de 2026. Actualizado: viernes, julio 24, 2026 20:04
Son cada vez más frecuentes las quejas por ruido en sectores residenciales de Cali. La “colonización” del comercio de la noche en barrios de vocación habitacional es foco de conflictos, porque se ha dado sin planificación ni regulación por parte de las autoridades.
Además de la música a altos decibeles, con los establecimientos nocturnos llegan también las dificultades que se generan por la falta de espacios para el parqueo de vehículos que terminan invadiendo los andenes de las casas vecinas y bloqueando los garajes de estas viviendas, así como las riñas y otros problemas relacionados con el consumo de licor.
El común denominador en las quejas de los residentes de estos sectores es que no tienen quién los defienda y, aunque envían cartas aquí y allá, ninguna autoridad se apersona del tema.
En Cali son muchos los sectores afectados por este fenómeno; en el barrio San Fernando, por ejemplo, los habitantes de las cuadras aledañas al Parque del Perro se quejan permanentemente, lo mismo que quienes viven en El Refugio y El Limonar en las calles que cruzan con la Carrera 66, que se llenó de establecimientos nocturnos, por citar sólo dos de los casos críticos.
Es obvio que las ciudades se transforman y es normal que la vocación de algunos sectores cambie, pero todo debe darse dentro de un proceso de planeación y regulación que evite los conflictos.
Los restaurantes y establecimientos nocturnos deben cumplir con unos requisitos mínimos que reduzcan el impacto sobre los vecinos, pero ello requiere que las autoridades competentes sean rigurosas a la hora de otorgar licencias de funcionamiento y que sean constantes en los controles para verificar que se cumplan las condiciones de operación.
Este tipo de problemas de convivencia se generan por la ausencia y la omisión de las entidades competentes.
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