Cali, febrero 11 de 2026. Actualizado: martes, febrero 10, 2026 22:35
Colombia no puede ser indiferente ante lo que ocurre en un país con el que comparte 2.219 kilómetros de frontera.
Lo que se está viviendo en Venezuela sugiere que el vecino país se debate entre dos situaciones indeseables: una guerra civil o una dictadura, o, lo que es peor, las dos al mismo tiempo.
En la última semana el presidente Nicolás Maduro tomó medidas para desconocer al poder legislativo, cuyo control perdió a finales del año pasado, algo más propio de un gobernante de facto que de un mandatario democrático. Maduro no se irá por las buenas, se quedará a las malas y no reconocerá las herramientas democráticas que tiene la oposición para sacarlo del Palacio de Miraflores.
Mientras tanto, el desastre económico y social producto del desgobierno que vive Venezuela es cada vez mayor. La inflación, la escasez, las interminables filas para tratar de conseguir alimentos, la inseguridad y la tensión en las calles van en aumento.
En los últimos días el presidente Juan Manuel Santos ha recibido fuertes críticas, tanto en Colombia como en Venezuela, por no fijar una posición frente a la compleja situación que vive el hermano país, donde la democracia se desmorona.
Sin duda, a ningún otro país afecta tanto la situación de Venezuela como a Colombia, prueba de ello es que la frontera lleva nueve meses cerrada por decisión de Maduro, con graves consecuencias para la economía y la vida cotidiana de quienes habitan en los departamentos fronterizos.
La cercanía de Maduro con las Farc pone a Santos en una posición difícil, pero independientemente del proceso de paz, el Presidente colombino debe fijar una posición dentro del marco diplomático, antes de que el silencio lo convierta en cómplice por omisión del derrumbe de Venezuela.
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