Cali, septiembre 23 de 2026. Actualizado: miércoles, septiembre 23, 2026 20:06
El reciente caso de racismo registrado en Cali, donde un patrullero de la Policía Metropolitana emitió un comentario discriminatorio durante un operativo de control, es una lamentable evidencia de que el racismo persiste en nuestra sociedad, incluso en instituciones que deberían ser garantes de igualdad y respeto.
En una ciudad que ostenta el título de ser la segunda con mayor población afrodescendiente en América, este tipo de incidentes no solo son inaceptables, sino que también evidencian una falla profunda en los cimientos de la convivencia, lo que amerita una profunda reflexión.
El comentario del uniformado, que dijo “Yo no confío en los negros”, es más que una simple expresión desafortunada, es un reflejo del racismo implícito que sigue latente en nuestra sociedad.
Este tipo de microrracismo, que muchas veces pasa desapercibido o se minimiza, es particularmente dañino porque perpetúa estereotipos y prejuicios. Por eso, que esta expresión venga de un representante de la autoridad es especialmente grave, pues deben ser precisamente quienes portan el uniforme los primeros en garantizar los derechos de todos, sin excepción.
El impacto de estas actitudes en la convivencia no puede subestimarse. Cali, como una ciudad diversa y rica en su multiculturalidad, debería ser un ejemplo de inclusión y respeto, pero este lamentable hecho se presentó mientras la capital del Valle del Cauca realizaba la mayor fiesta cultural de la afrocolombianidad, que es el Festival Petronio Álvarez.
Más allá de este caso en particular, vale la pena recordar que la lucha contra el racismo no es solo responsabilidad de las autoridades, sino es un deber de todos como sociedad.
En ese sentido, las sanciones legales y administrativas son necesarias, pero la sanción social también debe ser contundente.
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