Cali, octubre 27 de 2026. Actualizado: martes, octubre 27, 2026 13:00
El incidente en el que un conductor amenazó con un cuchillo a un agente de tránsito en el sur de Cali tras ser requerido por una infracción no es un hecho aislado.
Este tipo de situaciones, cada vez más comunes, reflejan una peligrosa pérdida de respeto por la autoridad y un creciente desprecio por las normas de convivencia en la ciudad.
Peor aún, el problema no solo reside en los agresores, sino en otros ciudadanos que, con argumentos como “los guardas molestan mucho”, justifican estas conductas.
Validar la agresión a un agente que cumple con el deber de velar por el orden vial es un precedente grave.
Si se legitiman estas actitudes, el respeto por la autoridad se verá erosionado, lo que llevará al caos.
Una ciudad donde las normas son ignoradas por los ciudadanos y la autoridad es atacada se vuelve insostenible, poniendo en riesgo la seguridad y los derechos de todos.
El control y la sanción en temas de tránsito no son un capricho, son esenciales para preservar vidas.
Este año, Cali ha registrado 255 muertes en siniestros viales, el 85% de ellas corresponden a motociclistas, peatones y ciclistas.
¿Cuántas de estas tragedias se habrían evitado si todos los actores viales cumplieran las normas?
Respetar los semáforos, los pares, los límites de velocidad y las condiciones legales de los vehículos no es negociable, es un compromiso con la vida y la seguridad.
La agresión a los agentes de tránsito representa un desafío para el tejido social.
El agente, al cumplir su labor, no es el enemigo, su trabajo protege a la ciudadanía.
Es hora de que Cali adopte una postura firme y rechace estas conductas de manera tajante, porque la permisividad sólo alimentará una cultura de infracción y agresión que nos empobrece como sociedad.
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