Cali, noviembre 7 de 2026. Actualizado: sábado, noviembre 7, 2026 10:49
Entre los muchos daños causados por el covid-19 está el atraso ocasionado en la formación de miles de niños y jóvenes que cursaban primaria, bachillerato y carreras técnicas, tecnológicas o profesionales que, por razones económicas, no pudieron seguir adelante con sus estudios.
Los casos van desde quienes no pudieron seguir estudiando porque sus padres se quedaron sin ingresos hasta las conmovedoras historias de niños que no han podido conectarse a las clases virtuales por falta de internet, un computador o cualquier otro dispositivo. Igualmente, muchos universitarios que costeaban sus estudios con trabajos temporales también se quedaron cesantes.
Más preocupante aún es que muchos de los estudiantes que se desconectaron del sistema difícilmente volverán a engancharse; los niños que llevan casi un año sin recibir clases se rezagaron frente a sus compañeros, y en el caso de los adolescentes de sectores marginados esta situación aumenta su vulnerabilidad de entrar en el mundo de la delincuencia.
Lo que está ocurriendo es muy grave, por eso el Gobierno Nacional, las gobernaciones y las alcaldías deberían hacer el máximo esfuerzo posible para evitar que más niños y jóvenes salgan del sistema educativo y para reenganchar a aquellos que ya salieron, pues el costo social de no educarlos será en el mediano y largo plazo mucho mayor que el que tendría dotarlos a todos con tabletas y conexiones a Internet.
A la larga, además de problemas sociales y de inseguridad, la deserción escolar impacta el desarrollo del país, lo ralentiza y acrecienta la pobreza.
Hay que poner en marcha, entonces, un plan nacional con carácter urgente para evitar que el abandono del estudio por causa del covid eche a perder a una generación de colombianos.
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