Cali, septiembre 21 de 2026. Actualizado: domingo, septiembre 20, 2026 14:00
No le hace bien a la democracia ni a la libertad de expresión ni mucho menos al gobierno nacional la actitud de aquellos seguidores del presidente Gustavo Petro que, pasadas las elecciones, continúan en una actitud agresiva contra todo aquel que se atreve a cuestionar al mandatario o a sus ministros.
Una cosa es tener afinidad e identidad con el presidente de la República y apoyar sus propuestas, lo que es completamente válido y respetable, y otra, muy diferente, es caer en el fanatismo, pues no sólo se pierde la capacidad crítica, sino que se cae en el ataque y la descalificación de quien piensa diferente.
Por el contrario, lo que requiere el país y, sobre todo el gobierno, para que les vaya bien, son voces sinceras que alerten sobre errores y peligros, con el propósito de mejorar. Un coro de aplausos permanente, incluso cuando hay propuestas o proyectos cuya conveniencia esté en duda o que claramente sean inconvenientes, puede terminar fácilmente empujando a un gobernante a cometer muchos errores.
El reto de los petristas debe ser que al presidente le vaya bien, y para eso es fundamental la crítica, porque nunca un gobernante es tan propenso a equivocarse como cuando no tiene quien lo ponga sobre aviso.
Obviamente, en política hay diferentes visiones y cada quién valora las acciones de gobierno desde su propia óptica ideológica, eso es algo que cada ciudadano debe tener claro y, como demócrata, debe respetar.
No es necesario estar de acuerdo para que haya una convivencia pacífica de las ideas, lo importante es entender que cada opinión, siempre y cuando se base en argumentos y se exprese con respeto, debe ser igualmente respetada.
En una democracia las críticas constructivas deben ser siempre bienvenidas y se les deben dar plenas garantías a quienes las expresan.
Foto: Presidencia de la República
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