Cali, agosto 23 de 2026. Actualizado: domingo, agosto 23, 2026 10:30
El país debe saber si se le entregarán sillas a la guerrilla en las corporaciones públicas.
En medio de los rumores sobre los compromisos del proceso de paz que el Gobierno Nacional ni descarta ni confirma se habla de la entrega directa de curules a la guerrilla en las corporaciones públicas (Congreso, asambleas y concejos). La información extraoficial dice que estos espacios se entregarían a las Farc por un periodo, mientras inician su actividad política, y que al siguiente tendrían que participar en las elecciones si quieren conservar los escaños.
Pese al silencio del Gobierno Nacional, que no le ha explicado con claridad a los colombianos los alcances políticos de lo que se ha acordado en Cuba, no es difícil suponer que esta es una pretensión de las Farc, pues históricamente, en los anteriores intentos de negociación, el grupo armado ilegal ha pedido la tercera parte de las curules de los concejos y asambleas de los municipios y departamentos en los que tiene presencia.
En el caso de la Asamblea del Valle del Cauca este tema tiene una connotación especial, la sola suposición causa escozor e indignación, pues entregarle curules en esta corporación a las Farc sería tanto como premiar a la guerrilla por el secuestro de los doce diputados y la masacre de once de ellos. Los determinadores de esta tragedia terminarían ocupando el lugar que sus víctimas alcanzaron alguna vez por la vía democrática.
Además de esta consideración especial, en general sería una afrenta a quienes trabajan para ganarse el favor popular a través de la exposición de ideas y han llegado a las corporaciones públicas a base de trabajo. Y ni qué decir de las minorías étnicas, que, aunque tienen una circunscripción especial, tienen que ganarse las curules en las urnas.
Si bien hay que hacer sacrificioos por la paz, esto sería demasiado.
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