Cali, julio 30 de 2026. Actualizado: jueves, julio 30, 2026 17:12
No esperemos a que ocurra una tragedia para revisar cómo estamos en este tema.
La tragedia que vive el hermano país de Ecuador por cuenta del terremoto de 7.8 grados en la escala de Richter que se registró hace una semana en la provincia de Manabí y cuyo balance de pérdidas humanas y daños materiales sigue creciendo, debe servir para que en Colombia, donde también se sintió el fuerte movimiento telúrico, se revise todo lo relacionado con la preparación frente a este tipo de fenómenos naturales.
Y es que la prevención y atención de este tipo de desastres es un tema que se aborda de manera coyuntural, solo se toca cuando hay una tragedia y a los pocos días es asunto olvidado.
Cali, por estar ubicada sobre varias amenazas sísmicas, entre ellas las fallas de Cauca y Romeral, que pasan cerca a la ciudad es muy vulnerable ante un evento de este tipo.
El Valle del Cauca está sobre el cinturón de fuego del Pacífico, el área costera de Asia y América en la que ocurre el 90% de todos los sismos del mundo y el 80% de los terremotos más grandes.
Por estas razones la preparación para afrontar sismos de gran magnitud debe ser una política permanente que trabaje desde dos frentes: primero, la exigencia de construcciones sismorresistentes y, segundo, la revisión constante de planes de evacuación que le enseñen a la gente cómo actuar ante una emergencia de este tipo.
Si bien ante un movimiento de tierra tan fuerte como el registrado en Ecuador es imposible estar 100% preparados, la magnitud de la tragedia depende del trabajo que se haga en prevención y de la forma en la que los organismos de socorro, las autoridades y los ciudadanos reaccionen. Japón, que convive con los terremotos, es ejemplo de ello, pues a base de preparación ha logrado reducir notablemente la siniestralidad de estos eventos.
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