Cali, octubre 28 de 2026. Actualizado: miércoles, octubre 28, 2026 20:36
La polémica sobre los graffitis pintados durante el paro y que fueron borrados el pasado fin de semana es fiel reflejo de la profunda división que se vive en Cali, una la sociedad partida en dos, en la que un sector no reconoce al otro, y viceversa, y en la que, además, desde cada lado se criminaliza a quien se considera contrario.
Olvidan unos y otros que la ciudad es de todos y que, como tal, aquí conviven múltiples visiones que, contrario a tratar de imponerse, deben encontrar un punto común, regla básica de la convivencia pacífica.
Tanto quienes han borrado los graffitis como quienes insisten en volverlos a pintar deben preguntarse si esta tensión es necesaria, pues visto desapasionadamente, se convierte en un argumento más para la división.
Por eso, es necesario que se plantee una salida que involucre a unos y a otros y, en general a toda la ciudadanía caleña, para que las paredes que hoy son objeto de discordia se transformen en puntos de encuentro, y la única forma de lograrlo es mediante un proceso concertado en el que, reconociendo los diferentes patrones culturales y estéticos que conviven en la ciudad, se creen murales que los reflejen.
Aquí es cuando debe intervenir la institucionalidad y organizar un proceso en el que sean involucrados artistas de toda la ciudad dispuestos a plasmar esa Cali diversa, de tal manera que no quede una visión de ciudad sin incluir, para que todos respeten el proceso y el resultado.
El espacio público es de todos y Cali es una ciudad en la que todos, de una u otra forma, se manifiestan. En ese sentido, esta no puede seguir siendo una discusión para desconocer al otro, sino un proceso en el que se visibilice a todos.
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