Cali, mayo 26 de 2026. Actualizado: lunes, mayo 25, 2026 22:05
No es desatinada la solicitud del Ministro del Interior, Fernando Carrillo, a las Farc, de no dilatar los diálogos de La Habana. Las conversaciones no pueden moverse al vaivén de la campaña política que estará en pleno desarrollo durante el 2014.. El Gobierno Nacional siempre habló de un proceso corto. Lo cierto es que tras seis meses, en La Habana solamente se ha culminado el primero de los seis puntos de la agenda. El tiempo apremia, más cuando los negociadores han afirmado que nada esta pactado hasta cuando todo sea pactado. El Ministro tiene razón cuando afirma que el país no puede desarrollar una campaña política sana en medio de la polarización que genera el proceso de paz. Sin duda, la guerrilla no tiene afán. Recordemos las estrategias del grupo subversivo en el Caguán con las que logró estar sentado 4 años en la mesa sin que se llegara a ningún acuerdo. Los colombianos fuimos testigos de que cada día lo usaron para fortalecerse. En ese orden de ideas, tampoco es el momento para que se inicien diálogos o acercamientos con el ELN, ni mezclados con los de La Habana ni mucho menos de manera independiente. Las acciones violentas desarrolladas por este grupo durante la semana no deben considerarse una presión para obligar al Gobierno a sentarse a negociar. Por violentas que hayan sido, no hay que perder el sentido de las proporciones, ni permitir que la guerrilla determine el rumbo del país. Lo sucedido esta semana es una nueva invitación a no bajar la guardia y a reforzar las acciones de seguridad. Colombia tiene asuntos de gran trascendencia por definir y pendientes urgentes que resolver. El proceso de paz con las Farc y las intenciones del ELN fácilmente se convierten en cortinas de humo para distraer la atención de los colombianos. Los políticos saben mejor que nadie que en río revuelto sacan ganancia los pescadores.
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