Cali, julio 30 de 2026. Actualizado: miércoles, julio 29, 2026 21:44
Los colombianos deben moderar sus expectativas ante el inicio de los diálogos entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc en Oslo, pues el encuentro de las partes en Noruega no es garantía de paz.
Si bien hay que augurarle suerte al Gobierno Nacional en el propósito de lograr la desmovilización de este grupo armado ilegal, no se puede olvidar que este es el mismo interlocutor que en tantas otras oportunidades, como en los diálogos de Tlaxcala y en el proceso de San Vicente del Caguán, eludieron compromisos reales y provocaron la ruptura de las conversaciones.
Para que esta no sea una decepción más, es necesario que los negociadores del Gobierno no acepten que la guerrilla se salga del cronograma ni saque condiciones del sombrero, si no se cumplen los tiempos y si no se respetan los puntos del acuerdo inicial, el proceso no tendrá futuro, pues las Farc son expertas en poner condiciones y eludir responsabilidades para dilatar.
Ya en las primeras intervenciones de los negociadores guerrilleros desde La Habana, cuando negaron tener secuestrados, desconocieron sus vínculos con el narcotráfico y anunciaron que pedirían a alias \”Simón Trinidad\” en la mesa de negociaciones se entrevió que aunque ya no están \”Tirofijo\”, \”Jojoy\” y \”Reyes\”, el discurso de la guerrilla sigue siendo el mismo. Ojalá hoy en Oslo hablen con sensatez y, sobre todo, con verdad.
Algo que debe tener presente todo el tiempo el Gobierno Colombiano es que, lamentablemente, las épocas más violentas que ha vivido Colombia se han dado precisamente durante y después de los diálogos con las Farc, por eso esta vez no se puede bajar la guardia y se debe mantener la ofensiva militar, pues de lo contrario el grupo armado ilegal, que en los últimos diez años perdió por lo menos el 50% de sus hombres, podría aprovechar la coyuntura para fortalecerse, y entonces el remedio resultaría peor que la enfermedad.
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