Cali, septiembre 25 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 25, 2026 08:46
Aumentar el número de curules no solo es innecesario sino que va en contravía del querer ciudadano.
Entre las propuestas de reforma política hechas por la Misión Especial Electoral hay una que de entrada debe descartarse, porque sería un premio a una clase política que no lo merece. Esa propuesta es la que plantea el aumento de la curules en la Cámara de Representantes. La idea es pasar de 166 a 200.
El argumento es que haya una mejor representación de todas las regiones y de la diversidad nacional en el Congreso, pero eso podría lograrse sin necesidad de crear 34 nuevas curules que le costarían al paísmás de $22 mil millones al año y que seguramente quedarían en manos de las maquinarias electorales que ya controlan el Congreso.
Mientras no haya un cambio cultural profundo en los colombianos para cambiar el chip abstencionista y activar el de la participación, crear nuevas curules servirá sólo para darles más puestos a los partidos políticos.
Si desde la educación se trabajara en la formación de ciudadanos responsables que voten por candidatos que representen su forma de ver el país, para que una decisión tan importante no quede en manos de los que votan con el estómago, se tendría por fin un Congreso que represente la diversidad nacional. Si eso se lograra, no sería necesario crear más burocracia, por el contrario, se podría pensar en reducir el Congreso, porque la representación nacional no es un asunto de cantidad sino de calidad; mejor tener solo 100 congresistas que velen por los intereses del pueblo, que hagan control con independencia, que 268 que en su mayoría defienden los intereses de sus micro empresas electorales.
Es iluso pensar que se puede lograr la transformación del Congreso sin transformar la cultura política de los colombianos, que con su voto o su abstención dejan las curules en manos de los mismos de siempre.
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