Cali, octubre 25 de 2026. Actualizado: sábado, octubre 24, 2026 09:00
No hay razones para permitir que el clásico de esta semana se juegue con público.
Es muy triste para una ciudad que un logro deportivo, que debe ser motivo de celebración, se convierta en factor de tensión. Por cuenta del mal comportamiento de las barras bravas, el paso del Deportivo Cali y el América a las semifinales del campeonato del fútbol profesional colombiano es un problema que la ciudad no sabe cómo manejar, pues los dos equipos deberán enfrentarse para definir cuál de los dos pasa a la final.
Si hace dos semanas un juego entre verdes y rojos que no tenía mayor importancia estuvo antecedido por choques entre hinchas y terminó con una batalla campal en plena cancha del estadio Pascual Guerrero, ¿qué podría ocurrir con un partido definitivo para ambos equipos?
Por duro que sea y por injusto que resulte con quienes no tienen que ver con las revueltas, hay que reconocer que no hay condiciones para permitir que el clásico se juegue con público. ¿Qué medidas adicionales se pueden tomar? Acá se han ensayado todas, hasta la ley seca.
Tampoco se puede creer en los compromisos de las barras, que previo a las revueltas anteriores prometieron buen comportamiento.
Los desmanes ligados a los clásicos del fútbol vallecaucano tienen hoy a la ciudad en una situación similar a la que se llegó con la cabalgata de la Feria, un evento que se acabó por los excesos.
Después de las revueltas del 24 de mayo las autoridades adoptaron unas sanciones que deben cumplirse, levantarlas o suavizarlas porque los dos equipos jugarán de nuevo sería un pésimo mensaje para la ciudad y un estímulo para quienes hacen del fútbol una orgía de violencia.
Los clásicos con público solo deben regresar cuando se haya dado un cambio en las hinchadas, y es claro que en dos semanas eso no se ha dado.
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