Frente a la supervisión docente, los puntos de resistencia están presentes en todas partes dentro de la red de poder que se gesta en la educación. Es decir, donde hay poder siempre se gestará resistencia y saldrá a flote el ego. Respecto del poder no existe, un lugar donde no se generé incomodidad; su efecto por décadas ha sido
el foco de todas las rebeliones. En efecto, en la educación se da un encadenamiento de fuerzas y se vinculan unas singularidades de poder que corresponden a esas relaciones fallidas fruto del ego y del individualismo que tanto daño le hacen a la escuela.
Se aprecia con claridad que, la inspección educativa se la percibe como totalmente alejada o ausente de las aulas. Aunque se asume que dentro de sus funciones la supervisión y el control pueden resultar necesarios, no parece
entenderse cómo puede realizarse esta tarea solo a partir de la vigilancia normativa a través de la lectura y revisión de documentos.
En cualquier caso, esta práctica, al parecer frecuente de la inspección educativa, esta lógica de actuación, debe enmarcarse en un escenario educativo y social más amplio y complejo, en el cual la forma en que se representa lo social y las instituciones ha sufrido un cambio profundo que se ve reflejado en las sociedades latinoamericanas.
Sin embargo, para mejorar la escuela es necesario reparar en las instancias procesales y contextuales en que la supervisión se modela. La instancia de las prácticas profesionales se constituye en un lugar-espacio-tiempo privilegiado para que, a través de la guía y orientación del/ de la supervisor/a de prácticas se vayan
modelizando, desarrollando y promoviendo.
La noción de supervisión desde el concepto etimológico instaura la presencia de una mirada vertical que tiene la capacidad de proyectar la visión sobre lo manifiestamente develado. Desde la perspectiva de la pedagogía crítica, se ha generado una voz de alerta ante el mecanismo de control fundado en la supervisión, como una potencial muestra de una actitud represora del sistema que pretende imponer un modelo rígido de funcionamiento en el profesor, reproduciendo prácticas de poder-control y desigualdad y adaptarlo a las condiciones ambientales en desmedro de su libertad de elección.
El papel de la inspección escolar está orientada a impulsar acciones organizativas y propone que impacten en la mejora de los resultados académicos, para dar respuesta a ese reclamo social por mejorar la calidad de la educación. En este sentido, Bray y Nettleton (2006), indican que la supervisión involucra las funciones de profesor, jefe, asesor, consejero y experto y que se le ha asociado a una relación jerárquica con connotaciones negativas ya que implica la evaluación del desempeño del profesor o profesora en formación.
Según Walkington (2005), la evaluación está asociada indisolublemente con la supervisión, los supervisores se forman un juicio sobre el desempeño. La supervisión tiene el objetivo fundamental de la realización de la evaluación, como un modelo de práctica efectiva, pero concuerda con la tendencia predominante que enfatiza la necesidad de desarrollar, en los profesores y profesoras, habilidades y competencias específicas durante el proceso práctico de aprender a enseñar.
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