Esta columna no estaba programada; pero después de leer la cantidad de comentarios negativos en las redes sociales y ver las imágenes oprobiosas alusivas a la gobernadora electa, me es imposible ser indiferente, no obstante de que se afirma que es el silencio la reacción más hábil y económica ante la injuria.
Se preguntan casi al unísono los detractores de la gobernadora electa ¿quién pudo votar por Dilian Francisca Toro?, y no contentos con endilgarle a ella cuanto mal existe en la Tierra, también en forma atrevida acusan de deshonestos e ignorantes a quienes votaron por ella.
Pues, ¡yo fui uno de los más de 500 mil vallecaucanos que así lo hizo! Y de las tres principales razones que me motivaron a hacerlo, la primera fue justamente el desagrado que me causó la innoble campaña de su contrincante electoral.
Una estrategia muy parecida a cuando se dividió en los pasados comisios entre pacifistas y guerreristas, con la gran diferencia de que el pasado domingo la línea divisoria fue más escrupulosa: honestos y deshonestos.
Por supuesto, tamaña estrategia maquiavélica obtuvo resultados, pero en mi caso fueron contrarios. La segunda razón por la que voté por Dilian es porque a pesar de tantas cosas negativas que se dicen de ella, considero que sólo un juez de la República tiene la facultad de condenarla, y hasta que esto no ocurra, para mi será inocente.
Si a esto se le llama ingenuidad, que así sea. Y la tercera razón, es porque admiro a las mujeres que triunfan sin sacrificar su hogar, demostración de lo mucho que nos falta en este sentido a los hombres.
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