¿Y de la legitimidad qué?

Francois R, Cavard M.

Para que una victoria sea legítima debe enmarcarse dentro de lo justo, ceñirse a lo lícito, estar conforme a la moral. No admite mayor debate que la victoria en democracia lograda por el No en el plebiscito celebrado el 2 de octubre del 2016 fue legítima por cuanto de los colombianos con capacidad de voto convocados, tan solo el 17% apoyaron ese documento suscrito entre el señor presidente Juan Manuel Santos y el cabecilla del grupo narcoterrorista Farc-ep, documento denominado Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

El No a ese acuerdo fue un mandato legítimo, claro, contundente aplastante, sobrado e inobjetable dado al Señor Presidente por el 83% que no lo apoyamos.

Ahora resulta que los muy malos e intolerantes perdedores del Sí pretenden convertir dicha paliza en un supuesto mandato para enmendar el rechazado acuerdo. Las cartas que jugaron los promotores del Sí, con el señor Presidente a la cabeza, no admitía puntos medios: Era Sí o era No, punto, ¿o acaso qué habría sucedido de haber ganado el Sí? Pues que se habría podido implementar en su totalidad ese acuerdo dada la legitimidad de su aprobación.

Ahora, tras 41 días de afanados maquillajes realizados al malogrado acuerdo por parte las mismas personas que fracasaron el 2 de octubre pasado, ha salido un nuevo documento denominado Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera… ¿Qué tanta legitimidad tendrá este trámite apoyado por Senadores y Representantes en contra vía de lo expresado por el constituyente primario cuando además ni siquiera se molestaron por cambiarle el nombre?

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