Wounaan – II

Fabio Ariel Cardozo

La semana pasada a bordo de una misión humanitaria un grupo de funcionarios de distintas entidades del orden nacional, departamental  y distrital decidimos verificar las condiciones en que “sobrevive” esta comunidad indígena en medio del olvido y la guerra.

En particular me embarqué con la aspiración de contribuir a generar condiciones favorables para emprender un proceso de retorno, siguiendo como corresponde las exigencias protocola-rias establecidas por las normas para adelantarlo.

Debo confesar que tales condiciones hoy no existen. Aunque a tal pretensión no se debe renunciar, nos encontramos en cambio a una valiente población resistiendo en condiciones de confinamiento; los grupos armados presentes en el área han establecidos gravosas restricciones a la movilidad de los lugareños, impidiéndoles cumplir con las labores indispensables para la subsistencia, tales como  pesca, caza, agricultura y mercadeo e intercambio de sus bellas artesanías; aún cuando me generó dolor la indiscriminada caza de animales, así como sus prácticas de deforestación para la venta de maderas a quien pueda comprar, sin ningún tipo de control.

Esta verde región de Colombia atravesada por caudalosos ríos todos los días se degrada, a sus cauces van a terminar directamente los detritos humanos, los químicos de la actividad mafiosa y la minería ilegal, más el impacto de los motores de la navegación bélica y criminal.

Los Wounaan del Chocó y el Valle esperan del Estado el compromiso real para seguir resistiendo en su territorio, para conservar su vida y su cultura de manera autónoma, es lo menos que debemos hacer, ya que no hemos logrado establecer la institucionalidad para procurar su bienestar, ayudarles a resistir es un imperativo moral y única garantía de evitar su “inminente desaparición étnica” e impedir que más desplazados impacten Buenaventura.

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