VOX POPULI, VOX DEI

Rodrigo Fernández Chois

Domingo de plebiscito. Cogí un lapicero y con mi esposa salí a votar esa mañana. “¿Sabes? No hay nada que hacer”, comentó ella mientras caminábamos. “Muchos simpatizantes del NO no saldrán a votar porque saben que es una pelea de chivo con tigre amarrado.

No se le puede ganar el aparato estatal ni a la mermelada del SÍ” “Puede ser”, le respondí; “pero siguiendo tu animalesco ejemplo voy a votar en contra de que se apruebe un acuerdo en el que considero que hay gato encerrado y en el que ese gato nos lo van a meter por liebre”.

Votamos y vimos a muchos votantes con lapicero. Al escuchar el primer boletín de la registraduría comenzó nuestra sorpresa. La ansiedad crecía en la medida en que publicaban los siguientes boletines. “Sabes que en la soberbia el presidente  Santos se parece al capitán del Titanic cuando dijo que ni Dios podía hundir su barco”. No la escuché. Estaba haciendo mis cuentas para ver si se daba un  milagrito. “Perdón. ¿Qué decías?” Ella repitió su comparación entre Santos y el capitán del Titanic.

“Hay una anécdota similar” le conté. “La del español Barreiro en la Batalla del Pantano de Vargas cuando exclamó: “Ni Dios me quita la Victoria”… y perdió para fortuna nuestra.”

Han pasado dos días desde la victoria del NO y no me lo creo aún. ¿Tuvo algo que ver el de arriba? El libre albedrío me hace pensar que el Creador suele hacerse a un lado en  estos asuntos terrenales; pero la locución latina VOX POPULI, VOX DEI que traduce “voz del pueblo, voz de Dios” me tiene dudándolo.

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