Diario Occidente

Voto en blanco

Víctor Manuel García

El voto en blanco es una herramienta democrática muy “poderosa” que el sistema electoral colombiano le brinda a la ciudadanía en general y por ende a los representantes de los ciudadanos como lo son los congresistas de la República.

El voto en blanco se debe entender como lo que es, una “opción de decisión política legítima para manifestar inconformidad frente a los candidatos que se presentan a un proceso electoral”, ni más ni menos.

En Colombia hace casi una década estamos viviendo un proceso cada vez más intenso de polarización política, hemos “entrado en una espiral” cada vez más notoria y escalable de sensibilidades y de atrincheramiento de posiciones, que, en cada momento que pasa, dejan de ser muchas de ellas racionales y entran en el campo de lo pasional, trayendo consigo el obvio deterioro de la base argumentativa.

Es tal la espiral en la cual hemos entrado como país, que han sucedido diversas situaciones estigmatizantes frente a decisiones electorales, por ejemplo, muchos opositores al gobierno del presidente Iván Duque, califican de “tibios” y responsabilizan de una de las gestiones presidenciales más mediocres, a las personas que votaron en blanco en segunda vuelta en las elecciones de 2018. Un exabrupto por donde se le mire.

De igual forma y en otro campo de la contienda electoral, acabamos de presenciar un hecho inédito en el Senado de la República, en el cual el Senador Gustavo Bolívar fue derrotado por el voto en blanco en el proceso de elección de la mesa directiva de este recinto, hecho que causó indignación en gran parte del sector de la oposición, pero que todo hay que decirlo, está enmarcado en las “reglas de juego”, el ejercicio del voto en blanco es legal, otra cosa muy distinta es que las diferentes bancadas no hayan cumplido con los compromisos que seguramente pactaron con anterioridad.

Como en algún momento dijo un tristemente célebre coronel del Ejército Nacional: “es la democracia maestro”.

Este último acontecimiento, ha dejado ver en su máxima expresión el nivel de degradación política que nos ha traído la inocua polarización en nuestro país, ya que los colombianos hemos podido presenciar el regocijo, marcado por un “tufillo” revanchista, de muchos sectores afines al gobierno de turno que no han perdido la oportunidad para manifestar su beneplácito frente al resultado de los escrutinios.

De todos los sectores que vieron con “buenos ojos” el resultado negativo para el Senador Bolívar, hay uno en especial que llama la atención: algunos medios de comunicación.

Para nadie es un secreto qué, en todos los países del mundo, sean democráticos o no, los medios de comunicación en general tienden a tener una afinidad política determinada, lo que no es usual es que no apuesten por mostrar una faceta “equilibrada” de la información transmitida buscando mantener su activo más importante: la credibilidad.

En este sentido no deja de sorprender la postura editorial de una de las revistas más importantes de nuestro país, así como de uno de los canales de televisión privados e incluso de algunos medios de comunicación escritos que circulan en las regiones, quienes de una manera cada vez más “abierta” han ido apostando por una incidencia más política que periodística en el contexto nacional.

Esta priorización de lo político sobre lo periodístico, de algunos medios de comunicación del país, en mi opinión es un error que no solo le hace daño a sus casas editoriales, sino al país en sí mismo, porque “atiza” y profundiza aún más la polarización en la que actualmente vivimos.

En un ambiente tan polarizado como el nuestro, los extremos cada vez más se van atrincherando y reforzando en sus posiciones, sean lógicas o no, pero a su vez también se va acrecentando el descontento por desgaste de un grupo poblacional qué, si bien en muchos casos puede sentir afinidad con alguno de los extremos, no se identifica plenamente con ninguno de ellos.

Con este desgaste, es importante que la población en general entienda el poder del voto en blanco, para que a su vez lo pueda considerar en su “baraja” de opciones al momento de elegir, porque el querer cambiar todos los candidatos que han contribuido con la degradación del debate político en Colombia, también puede ser una opción.

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