Cali es una ciudad en donde infortunadamente hemos venido perdiendo el espacio público. La miopía de las autoridades respecto a la promoción del uso de las áreas públicas por parte de la ciudadanía nos tiene huérfanos de una política urbana para la promoción del goce efectivo de la calle.
Debido a la inseguridad de los últimos 20 años Cali ha ido cediendo su espacio público a los espacios privados, mientras tanto en otras ciudades como Cartagena o New York los parques son baluartes donde se llevan a cabo todo tipo de actividades públicas para celebrar.
La brisa caleña es reconocida nacionalmente como uno de los atributos más memorables de la ciudad, una excusa más para que propios y turistas disfruten de nuestras calles después de las 4:00 de la tarde.
Infortunadamente este espacio público se ha ido perdiendo por la falta de planeación, organización y cuidado, generando miedo, tal como sucede en el Paseo Bolívar cualquier día después de las 6:00 de la tarde o los fines de semana, cuando se convierte en un espacio sin vida que atrae pocos ciudadanos.
La calidad de vida de una ciudad se mide por la cantidad de gente que sale a las calles, viviendo y disfrutando de su espacio público. El espacio público es para utilizarlo y una de las formas de hacerlo es que la gente pueda llevar a cabo actividades como celebraciones, bazares, matrimonios.
En Santiago de Cali lo propusimos para celebrar nuestro matrimonio en la retreta, pero la normatividad actual y la visión de la Secretaría de Gobierno no lo permitieron, ¿qué mejor que la gente vuelva a las calles y escoja la ciudad para ir a celebrar sus momentos más importantes?
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