Hace apenas unos días la aerolínea de “bajo costo” Viva Air, anunció el cese de operaciones desde y hacia el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, aeropuerto que si bien no es el único, si es el más importante de los cuatro aeródromos registrados para el transporte de pasajeros ante la aeronáutica civil en el departamento.
Este anuncio dista mucho de ser una noticia sin trascendencia, pues es una más de una dinámica que viene aquejando a la región de manera crónica y que, por supuesto, ve reflejado su impacto directa e indirectamente en los índices de competitividad regional, toda vez que la conectividad aérea es un factor esencial en la inserción en las dinámicas económicas globales.
La situación del transporte aéreo de pasajeros en el Valle del Cauca en los últimos años ha sido un talón de Aquiles en el proceso de desarrollo regional, una realidad que se ve reflejada en la evolución comparativa con la de otras terminales aéreas del país, una debilidad que ha sido camuflada en medio del reporte de cifras “positivas” en el incremento del número de pasajeros movilizados por la terminal aérea.
Por ejemplo el año 2022 en Colombia, de acuerdo a cifras de la Aeronáutica Civil, terminó movilizando más de 48 millones de pasajeros, representando un incremento del 52,1% frente al número registrado del 2021, que contrastando las cinco principales terminales aéreas del país, la de Cali presentó el menor incremento, pues en comparación con El Dorado de Bogotá que tuvo un incremento del 45.6%, Rionegro con 50.9% y Cartagena con 46.3%, el Alfonso Bonilla presentó un aumento de sólo el 26,5% en el número de pasajeros movilizados.
Pero, si vemos en retrospectiva, vemos que el Valle del Cauca año a año va perdiendo su relevancia en el transporte aéreo de Colombia al no avanzar al mismo ritmo que otras regiones del país, una situación que puede ser un síntoma o una consecuencia inequívoca de que algo no “anda bien” en el departamento, pues para el año 2010 el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón movilizaba una cifra de 3.3 millones de pasajeros por año, un dato muy cercano a los 3.5 millones que registró el aeropuerto de Rionegro y muy superior a los 2.1 millones de pasajeros que hicieron uso del aeropuerto de Cartagena.
Sin embargo, en 2022 encontramos unas cifras muy dicientes comparativamente hablando, pues mientras que el aeropuerto de Cali movilizó 6,8 millones de pasajeros, el de Rionegro cerró con 11,9 millones y Cartagena con 6,5 millones de pasajeros, haciéndose evidente la ampliación de una brecha frente a un aeropuerto que hace 12 años movilizaba virtualmente el mismo número de pasajeros y cerrando el último año con un tráfico aéreo similar al de un aeropuerto que en 2010 movilizaba el 36% menos que el principal aeródromo del suroccidente colombiano.
Para poner el dato en cifras concretas, es cierto que en los últimos 12 años el Bonilla Aragón ha crecido el 106% en su tráfico aéreo, una cifra que al revisarla de manera aislada, parece bastante positiva, pero si la contrastamos con el 240% de crecimiento del aeropuerto de Rionegro y el 209% del Rafael Nuñez de Cartagena, vemos que el principal aeropuerto del Valle del Cauca ha presentado un discreto incremento de acuerdo a las realidades potenciales del mercado aéreo en Colombia.
Esta situación se ve reflejada también en el número de destinos nacionales e internacionales habilitados para la operación de vuelos directos desde Palmaseca, pues en 2019 de acuerdo a reportes de Aerocali (operador de aeropuerto) desde el Bonilla Aragón salían vuelos directos para 32 destinos de los cuales 20 eran nacionales y 12 internacionales, sin embargo, para 2022 en lugar de ir aumentando la conectividad aérea para la región, esta viene en retroceso ya que el número de destinos se redujo a 28, manteniendo las 20 nacionales pero disminuyendo a ocho internacionales.
Lo anterior sin mencionar la reducción de la oferta de líneas aéreas que operan desde Cali, lo cual afecta, por dinámicas del mercado de oferta y demanda, el precio promedio de los tiquetes aéreos con origen y destino el aeropuerto de Palmaseca.
Si el Valle del Cauca quiere ser un departamento competitivo y le apuesta a ser un referente para el país en materia económica e inserción a mercados globales como la cuenca del Pacífico, debe tener en su “radar estratégico” que la “puesta a punto” de sus principales vías de conexión con esta parte del mundo como lo son el aeropuerto Alfonso Bonilla y el terminal de carga marítima de Buenaventura son una prioridad, sin embargo, parece que esto no es algo que le preocupa a los diferentes gobernantes de turno en el departamento, ni a la bancada parlamentaria de la región, pero si es algo que le debe generar alarma a los gremios empresariales y a la comunidad en general.
Esto no se trata si se va o no Viva Air u otra aerolínea, se trata de tomar con seriedad la situación y tener conciencia que como región debemos potenciar y hacer esfuerzos efectivos y continuos en el tiempo para que el Valle del Cauca no siga siendo relegado, una pérdida de espacio que por cierto se ve reflejada en el índice de competitividad en el cual el Valle en 2022 perdió dos puestos a nivel nacional pasado del cuarto a sexto lugar, una discusión que también debemos comenzar a abordar los vallecaucanos.
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