Viejo liberalismo vs. Nuevo liberalismo

Han pasado 25 años desde que el Partido Liberal aprobó la consulta popular como mecanismo de democracia interna. Hemos regresado 35 años en la historia cuando mi padre decidió fundar el Nuevo liberalismo ante la muralla impuesta por las maquinarias.

Hemos retrocedido a esa época en la que los espacios de participación eran cerrados y las decisiones se tomaban de espaldas a la gente en conciliábulos de caciques y gamonales. Hemos reciclado el sistema de convenciones amañadas.

En estos espacios carentes de democracia y garantías, quienes buscamos un cambio en la política no tenemos espacio. Estamos dándole la espalda a la opinión de los ciudadanos, a quienes finalmente nos debemos los políticos.

Me resisto a que triunfe el viejo liberalismo sobre el nuevo liberalismo. Simón Gaviria ha caído en un chantaje confabulado desde ese viejo Partido Liberal contra el que nuestros padres lucharon juntos. Han condicionado su liderazgo y su continuidad en la jefatura del partido.

Ese chantaje es inadmisible, precisamente porque Simón hace parte de esa nueva generación, que debe luchar sin descanso por mantener los principios democráticos de este partido. Desde esta columna le hago un llamado al jefe de mi partido para que salga de la trampa.

Tomé la decisión de no asistir a la convención liberal en Cartagena. No voy a avalar con mi presencia un ejercicio estéril, antidemocrático.

Estoy dispuesto a sacrificar cualquier ambición personal, lo que importa hoy es reivindicar la democracia interna del liberalismo.

El Partido Liberal no puede ser inferior al momento histórico. Debe demostrar coherencia entre lo que ofrece a los colombianos y lo que es capaz de conseguir para sí mismo.

No podemos proclamarnos como el partido de la paz y al mismo tiempo, restringir la democracia.

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